Fincomún, un negocio con sentido social

Un negocio social e innovador es Fincomún, una microfinanciera que nació hace 12 años tras detectar la necesidad de atender a un sector de la población, ajeno a las ofertas de la banca tradicional y que además se caracteriza por ser puntual en sus pagos, pero sobre todo es gente que cree en su negocio y lucha por él.

Esta institución financiera tuvo su origen tras la iniciativa de la Fundación San Diego, la cual realiza a la fecha programas sociales en la delegación Iztapalapa.

"En ese momento detectamos la necesidad que había en cuanto a servicios financieros en este sector de la población", explicó Vicente Fenoll, director y fundador de Servicios Financieros Comunitarios (Fincomún).

"Tenemos responsabilidad social y nosotros desde un principio nos cuestionamos cómo hacer una empresa viable, pero con respeto social", agregó el directivo.

Entrevistado por El Empresario, Fenoll relató que visualizaron la importancia de acercarse cuidadosamente a un nuevo reto e ilusión, que era "llegar a aquellos que no atiende la banca comercial. Y creemos fuertemente en ellos no sólo porque en la práctica pagan bien, sino porque tienen la misma dignidad y derecho que cualquier persona".

Su servicio, su atención y su operación les permiten actualmente dar financiamiento y orientación a 90,000 personas, quienes hoy conforman su cartera de clientes, un número que no imaginaron, luego de que durante los primeros años de operaciones atendían a cientos no miles de microempresarios.

Pioneros del sector

Bajo la idea de ayudar a combatir las causas estructurales de pobreza en México, Fincomún abrió su primer sucursal en septiembre de 1994, ubicada en San Miguel Teotongo, Iztapalapa.

En esta microfinanciera, no sólo se cristalizaba el sueño de sus empresarios fundadores, sino de los que hasta la fecha luchan por sacar adelante sus proyectos productivos, mismos que sirven de sustento para sus familias.

Y reconociendo que los servicios financieros son "herramientas esenciales para el desarrollo", en 1994, presentaron ante la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), el proyecto que fue aprobado con una licencia. Y pese a que tres meses después México se hundió en una crisis económica severa, Fincomún continuó, por dos simples razones, comentó Fenoll.

"En ese momento de crisis decidimos especializarnos y fuimos muy selectivos en el proceso de crédito, y porque descubrimos que en el sector popular las crisis pegan de una manera distinta que a una pyme o la gran empresa", dijo el directivo.

"Ellos viven en crisis permanentes, así que están más acostumbrados a vivir en condiciones muy complejas, así que lo que hicimos fue sacar un producto de acuerdo a la realidad que tenía en ese momento la microempresa, que estaba dirigido al ahorro", detalló Fenoll.

De esta forma ellos, no sólo son parte de los pioneros de este esquema de financiamiento en el país, sino que son la primer institución regulada bajo la Ley de Crédito y Ahorro Popular, "haciendo un hecho histórico", afirma el empresario.

De puerta en puerta

El 70% de los clientes de Fincomún provinieron de las recomendaciones de microempresarios que han utilizado su esquema de financiameinto, lo que habla de que no hay mejor publicidad que la se genera de boca en boca.

Sin embargo, la microfinanciera, opera con la técnica del vendedor aspiradora, "es decir vamos de puerta en puerta, estamos en la calle buscando a nuestros clientes, les capacitamos sobre cómo funcionan nuestros servicios financieros", explicó Fenoll.

Para 2006, estiman concluir atendiendo a 145,000 microempresarios.

De esta forma, los clientes de Fincomún son desde la típica miscelánea, pollería, o un puesto de tianguis hasta el herrero y el carpintero, que en promedio piden 10,000 pesos de préstamo.

"Es un nicho de mercado que muestra que sí puede pagar y que le encanta que lo atendamos bien", concluyó el directivo de Fincomún, empresa considerada de alto valor por la organización Endeavor México.

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CRÉDITO: 
Carmen Castellanos Gaytan