El origen del miedo a emprender

Al ver negocios exitosos y empresarios realizados muchos piensan que han logrado llegar a donde están gracias a la suerte. Lo que pocos ven es que detrás de eso que llaman suerte están años de esfuerzo pero, sobre todo, de valor, de coraje y de perseverancia.

Ideas hay muchas pero no siempre éstas se convierten en negocios exitosos y la causa es el miedo a emprender, el temor, algunas veces inconsciente, que hace que una idea se quede en la mente y nunca llegue al mercado.

Hay quienes tienen miedo al éxito y quienes temen al fracaso y, con tal de no enfrentarlo, prefieren matar sus sueños. Para muchos, el miedo a emprender tiene sus raíces en una baja autoconfianza, pero no es el común denominador, puesto que muchas personas que quieren emprender y no lo hacen demuestran valor y confianza en ellos mismos y resultan ser empleados altamente exitosos.

Entonces, ¿qué detiene a quienes quieren emprender y creyendo en ellos mismos no lo hacen?
El origen del miedo a emprender está en la incertidumbre que representa dejar una supuesta seguridad para perseguir un sueño. Un alto porcentaje de los emprendedores que vienen de una familia emprendedora suelen emprender sin miedo y muchos adultos que crecieron en un marco familiar de empleo se paralizan de miedo a la hora de emprender.

Una familia en donde el sustento proviene de un empleo puede planear sus gastos, organizar vacaciones asignando un presupuesto mensual y organizarse con un salario mensual. En las familias cuyo ingreso proviene de negocios propios hay más picos, cuando los negocios van bien, hay más viajes, compras repentinas y lujos; y cuando los negocios van más despacio, se cuida más el presupuesto.

Estas dos formas de vida las viven los niños, en el primer caso, se acostumbran a una seguridad que solamente se ve interrumpida ante un despido o crisis familiar, pero la certidumbre es la regla. En el segundo caso, los niños ven cómo, algunas veces, los negocios van de maravilla, en otros momentos sus padres invierten en nuevas empresas, hay momentos en que hay más ventas y épocas de apretarse el cinturón, pero desde pequeños ven, con el ejemplo, que siempre se sale adelante, que con el esfuerzo llega la recompensa y que se puede vivir haciendo lo que uno más ama, sin miedo a que no llegue el dinero necesario, incluso la abundancia deseada.

Al crecer, los niños de familia emprendedora no tendrán miedo a la incertidumbre propia de los negocios, puesto que les es familiar. Mientras que los niños acostumbrados a un esquema salarial tendrán miedo, cuando adultos, de emprender y sentirse “a la deriva”. Muchos tienen vocación emprendedora, pero el miedo es mayor. Les cuesta salir de su zona de confort y arriesgan más difícilmente que quienes ya han vivido este modelo.

El miedo a emprender es miedo a soltar lo aparentemente seguro por lo más arriesgado, lo que ya se tiene por lo que se sueña o anhela.

La educación emprendedora en la infancia hace la diferencia, cuando un niño crea su propio negocio, vive la incertidumbre, la adrenalina propia de las ventas, de enfrentarse al mercado, de estar frente a frente al cliente y sentir su aprobación o su rechazo, de estas experiencias se enriquece, aprende a esforzarse, a reinventarse día a día hasta alcanzar el éxito. Al crecer emprenderá sin miedo, ya sabe que con tenacidad y perseverancia el éxito llega tarde o temprano.