2015, Año de Inflexión

En el año 2012 se publicó un libro bajo el título ¿Por qué fracasan las Naciones? escrito por dos profesores de Harvard: Daron Acemoglu y James Robinson. Los autores analizan por qué existen países que a lo largo de su historia se han enriquecido y actualmente son prósperos, mientras que otros se empobrecen cada vez más, junto con la mayoría de sus habitantes.

Después de un recuento histórico y con hechos concretos, y pese a lo que se pudiera pensar, se eliminan teorías y se derriban paradigmas: la riqueza y pobreza de las naciones NO se explica por razones de educación, recursos naturales, tecnología, raza o religión de sus habitantes.

De acuerdo con los académicos, son las instituciones de cada país las que marcan las diferencias. Es decir, mientras que en algunas sociedades o países se crean instituciones incluyentes que reparten la riqueza existente y dan una amplia posibilidad de participación a sus habitantes, otras instituciones son extractivas ya que sólo extraen recursos de sus habitantes negándoles una participación activa en el desarrollo económico de una comunidad.

Los autores dan algunos ejemplos: Corea del Sur vs Corea del Norte; Alemania Occidental vs Alemania Oriental. Al estudiar el caso mexicano se hace referencia en la diferencia de la calidad de vida entre Nogales Arizona (Estados Unidos) y Nogales Sonora (México). Las diferencias entre las dos Nogales son abismales. Estas diferencias no tienen nada que ver con la geografía o la cultura ya que Nogales en Estados Unidos la población es básicamente latina: son los mismos mexicanos con su cultura de siempre.

Pero si se pone, agrega el profesor Robinson, a la misma gente con la misma cultura en ambientes institucionales diferentes en donde los niveles de responsabilidad de las instituciones propicien bienes y servicios adecuados, entonces nos podemos explican las diferencias económicas y sociales entre ambas ciudades.

Soy de la opinión de que la esperanza para México en el 2015 no está en el mejoramiento de la economía por las reformas que se están implementando. La factibilidad de un cambio real se encuentra, como comentan los académicos de Harvard, en la creación y renovación de nuestras instituciones para buscar el bienestar de la población.

Los hechos recientes en México, es decir, lo sucedido en Ayotzinapa, Tlatlaya, en el Politécnico, los movimientos que se están dando en redes sociales con el “#ya me canse, pero propongo”, en donde se cuestiona al mismo presidente, a su esposa, a secretarios de estado, a militares, a la policía y a la iglesia. Instituciones y personas que antes eran intocables. Situaciones inéditas, o al menos nadie cuestionó a tantos en tan breve espacio de tiempo. Difícilmente tendremos un México igual después de lo que ocurrió en este 2014.

Estas manifestaciones sociales, que seguramente crecerán en 2015, nos anuncian un punto de inflexión en la relación entre la sociedad y las instituciones hasta afectar las relaciones de poder actual. Cambios que se tienen que dar sin violencia como debe de ocurrir en cualquier sociedad civilizada.

La clave está en colocar a la persona adecuada en el puesto adecuado en cada institución. Aunado a esto, una cultura de rendición de cuentas y transparencia de los responsables y un sistema de justicia que se encargue de castigar la corrupción, la impunidad, el tráfico de influencias y otros lastres de nuestras instituciones. El proceso está en marcha. Aunque lento, es irreversible.

El autor es director sede Cuernavaca de la Universidad Interamericana para el Desarrollo

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