Formalizar sociedad, tarea ineludible al emprender

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Poner las reglas del juego por escrito evita conflictos

Poner en riesgo tu patrimonio familiar, perder tu empresa y la credibilidad ante tus clientes y proveedores son algunas consecuencias al asociarte con alguien a quién no conoces o no has investigado a profundidad cuando quieres emprender un negocio.

Roberto y Arturo empalmaron sus conocimientos y capital para establecer una empresa que fabricaba salsas en agosto de 2005, pero olvidaron concretar en un documento notariado las obligaciones, responsabilidades, derechos sobre el producto que elaboraban y acciones de la nueva empresa que le correspondían a cada uno.

Roberto contaba con la fórmula secreta para producir las salsas y Arturo tenía los recursos y contactos para comprar la maquinaria y posicionar el producto en el mercado. Antes de asociarse, en abril del 2005, Roberto registró la marca de las salsas a su nombre y acordó de palabra que él se la quedaría y que tampoco compartiría la receta con su socio. Así trabajaron sin problemas los cuatro años siguientes.

En 2009 los intereses de cada socio cambiaron y comenzaron a pelear por los derechos de la marca. Las reputación de los dos se dañó tras un sinfín de demandas. Los socios se separaron y Roberto quien tenía la marca y la receta original para hacer las salsas continuó su producción de la mano de nuevos socios; mientras que Arturo inició una nueva empresa, también productora de salsas, pero con otra marca y otra receta, la cual no se ha logrado posicionar en el mercado hasta la fecha.

La lección

Especialistas aseguran que antes de hacer alianza o formar una sociedad en la empresa, el emprendedor y el inversionista deben investigarse mutuamente y ya que decidieron unirse poner por escrito, más allá del acta constitutiva del negocio, las responsabilidades y obligaciones que adquirirán cada uno de acuerdo a lo que aporten al negocio.

“Una de las primeras consideraciones que debe tener el emprendedor cuando busca un socio es que sea alguien de confianza y que los términos de la sociedad queden por escrito y notariados el porcentaje que cada uno va a aportar en cuanto acciones o capital a la empresa y las actividades que cada uno va a desarrollar”, explicó en entrevista Angélica Rodríguez, directora de la carrera de Creación y Desarrollo de Empresas y de la Incubadora, Aceleradora de empresas y Centro de Familias Emprendedoras del Tecnológico de Monterrey campus ciudad de México.

En cuestiones de propiedad intelectual, dijo “lo más sano es que el emprendedor haga los registros de propiedad intelectual antes de asociarse si él los quiere mantener o, en su defecto, que todos los registros de propiedad intelectual o industrial se realicen a nombre de la empresa que están constituyendo los socios”.

Los tratos bajo palabra no funcionan, pues las consecuencias de elegir a un mal socio o no respetar los acuerdos más allá de provocar el cierre de la empresa, el daño psicológico al emprendedor también es importante.

La académica del Tec asemeja la relación entre los socios a la de un matrimonio: “Son dos personas y la culpabilidad de las acciones o el éxito de las decisiones recae en los dos o más inversionistas”, dijo.

Héctor Macías, socio de Asesoría de Negocios de PwC, recomienda a los emprendedores que no se dejen atraer por el dinero que un inversionista pueda inyectarle a su negocio, “ahora la tecnología está tan avanzada que a través de Internet y redes sociales o instituciones como el Buró de Crédito se puede saber con qué tipo de persona estamos tratando”.

Pedirle antecedentes a los inversionistas para saber en qué negocios han estado y cómo han hecho su dinero no es indiscreción, explica el experto, es precaución, porque es tu patrimonio el que está en juego.

salvarez@eleconomista.com.mx

CRÉDITO: 
Samantha Álvarez

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