Meses difíciles por delante

Foto: Cortesía / elempresario.mx

Alzas en impuestos y tarifas, así como la reducción del ingreso disponible, harán del 2010 un año difícil de olvidar.

Pocos años han sido tan difíciles y traumáticos en la historia de la humanidad como el 2009, año en que la recesión mundial nos hizo enfrentarnos duramente a la realidad de la globalización.

Pudimos darnos cuenta que el contagio en los mercados financieros internacionales, que en los tiempos de la Gran Depresión tardó más de un año en extenderse de Estados Unidos al resto del mundo, fue prácticamente inmediato el año pasado y provocó una reac ción en cadena en cuestión de días.

Mientras que en el siglo pasado, aún cuando la Bolsa de Valores de Nueva York se hundió el 29 de octubre de 1929, no fue sino hasta el 13 de julio de 1931 cuando los bancos alemanes cerraron casi un mes, ante el temor a quiebras en cadena por la huída de capitales. Asimismo, Gran Bretaña decidió hasta septiembre de 1931 abandonar el patrón-oro y devaluar la libra en 30 por ciento.

Como puede observarse en estos dos casos, hay una diferencia de casi dos años entre el impacto en Estados Unidos y las severas reacciones en Alemania y Gran Bretaña.

En México, tan acostumbrados como estábamos a ser origen de las crisis internacionales, como la de 1982 y la última de 1994 por el vencimiento de los tesobonos, más que recibirlas de afuera, aprendimos que aun teniendo una economía con fundamentales económicos sólidos, un shock externo fue capaz de hundir a la Bolsa Mexicana de Valores, desestabilizar nuestra moneda en cuestión de días e impactar al sector real de la economía de una manera casi impensable.

La caída de la producción se vio originada por la reducción casi inmediata de la demanda externa y la consecuente disminución de las exportaciones. Esto generó desempleo y, por ende, una desaceleración del consumo interno que aceleró la caída de la producción. Las pérdidas a las que se vieron expuestas las empresas provocaron una bajísima captación tributaria que agravó la brecha fiscal.

No cabe duda que el 2009 nos mostró una nueva realidad: la de las reacciones inmediatas en cadena.

Así sucedió también con el virus de la influenza AH1N1, que rápidamente se transformó en pandemia. Todo ello producto de los avances tecnológicos de nuestra era.

VIENE UNA MEJORÍA

Pero así como las situaciones negativas se transmiten rápidamente, también las positivas deberían extenderse a todo el mundo de la misma manera.
Ahora, que por tercer mes consecutivo la producción industrial de Estados Unidos ha ido en aumento y que el Fondo Monetario Internacional prevé una mejoría para el crecimiento económico en el 2010, desearíamos que los efectos positivos de la recuperación económica pudieran llegar a México de manera más rápida.

Sin embargo, y muy a nuestro pesar, nos esperan a los mexicanos algunos meses difíciles antes de que podamos ver la luz de un nuevo día.

Alzas en impuestos y tarifas y reducción del ingreso disponible harán del 2010 un año difícil de olvidar. Ojalá que ahora sí aprendamos y empujemos todos la reforma fiscal integral. Si la hubiéramos tenido antes, las medidas dolorosas de hoy no hubieran sido necesarias.

agonzalez57@gmail.com

CRÉDITO: 
Alejandro González

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