En aumento la lista de socaps autorizadas

Foto: Archivo/El Economista

La CNBV supervisará ocho sociedades más, actualmente ya son 127 reguladas

La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) autorizó que ocho sociedades cooperativas de ahorro y préstamo (socaps) más sigan con sus operaciones. De esta manera, ya son 127 las entidades de este tipo debidamente supervisadas por la autoridad.

Se trata de Finagam, en Hidalgo, y Caja Popular Lagunillas, en Michoacán, ambas con nivel de operaciones III; así como Caja Solidaria Jala, en Nayarit, y Caja Popular San Miguel de Allende, en Guanajuato, éstas con nivel II.

De igual forma, con nivel I de operaciones, la CNBV autorizó a las socaps Manxico, en Tamaulipas; Caja Solidaria Puente de Camotlán, en Nayarit, y Caja Solidaria Zapotitlán y Caja Solidaria El Limón, ambas en Jalisco. De diciembre del 2012 a la fecha, se han autorizado 58 socaps.

La CNBV expuso que estas 127 cooperativas de ahorro y préstamo representan activos totales por 74,999 millones de pesos y ofrecen servicios a cerca de 4.8 millones de socios.

Los ahorradores de estas entidades cuentan con la cobertura de seguro de depósitos hasta por 25,000 Udis por socio, que hoy equivalen a 124,000 pesos.

El órgano regulador destacó que las sociedades cooperativas que realicen operaciones de ahorro y préstamo, mientras no obtengan la autorización, no están supervisadas por la CNBV, y por lo tanto, los ahorradores no cuentan con la cobertura de la cuenta de seguro de depósitos del Fondo de Protección, lo que representa un mayor riesgo de pérdida de patrimonio para sus socios.

Las socaps con activos superiores a los 2.5 millones de Udis (12.5 millones de pesos) que quieran regularizarse deben solicitarlo a la CNBV antes del 31 de marzo del 2014.

Hoy son ya 127 de éstas las avaladas, cerca de 100 más siguen en prórroga, 321 son de nivel básico (tienen activos inferiores a los referidos y por lo tanto no necesitan autorización) y aproximadamente 50 ya casi no tienen posibilidad de seguir con sus operaciones.

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CRÉDITO: 
Edgar Juárez, El Economista