El problema de la Administración: El reconocimiento

Un evento relevante de esta semana fue el hecho de que el Senado de la República otorgó a un reconocido empresario de México don Alberto Baillères, la Medalla Belisario Domínguez “como un justo reconocimiento de la cámara alta a su sobresaliente contribución como mexicano comprometido con la comunidad, distinguido emprendedor, gran empresario, filántropo, promotor de la salud y la educación e impulsor del desarrollo económico, educativo y cultural de nuestro país, así como de la transformación de México en una nación más competitiva, más justa y próspera.”

Es la segunda vez que dicha presea se otorga a un empresario, siendo el primero el Ing. Gilberto Borja Navarrete.
Considero este un evento relevante porque es un reconocimiento a la actividad emprendedora que, al final de cuentas, es la que más empleos y riqueza genera para el país.

Siendo esta columna dedicada a el proceso administrativo y a la administración de las empresas, considero justo hablar de un ejemplo a los micro, pequeños y grandes empresarios.

Creo que es un ejemplo porque ha dirigido a las empresas de las cuales es presidente, con gran eficiencia y efectividad, pero además porque ha dirigido a las mismas con el mayor grado de disciplina y ética en los negocios.

La filosofía que utiliza en la administración de sus empresas es aplicar los estándares de eficiencia y efectividad más altos, aplicando las mejores prácticas y buscando siempre la innovación.

Cuenta con un equipo de ejecutivos del más alto nivel, sumando esto a una alta permanencia de sus empleados dentro del grupo, manteniendo un equilibro entre la juventud y la experiencia. Este es uno de las claves del éxito de sus empresas, mantener un equipo directivo con altas calificaciones y baja rotación, que trabajan con un grado de armonía solo comparable con la que logran las mejores orquestas sinfónicas.

Su compromiso con México ha sido ejemplar al generar un grado consistente de crecimiento de inversión en México, de acuerdo al dictamen de la Comisión de la Medalla Belisario Domínguez al Senado, ha invertido en los últimos 25 años 1,540 millones de dólares, que equivale a 60 millones de dólares por año. Esto representa que de 1968 al 2015, el empleo directo que generan sus empresas haya crecido de 7,453 personas a 50,000.

Creo que uno de los secretos de su éxito él lo expresa cuando dice que "en los momentos de auge, hay que tener la serenidad para evitar embelesarse con la efervescencia de la prosperidad; y en los declives, debemos tener la paciencia para perseverar en el empeño de superar los mayores obstáculos".

La mayor parte de los empresarios de éxito que he logrado conocer reconocen que ninguna empresa es fruto de una serie de éxitos constantes, sino de la perseverancia en las épocas difíciles.

Esta misma filosofía la manejó siempre otro gran empresario, don Eduardo Monroy que supo construir una gran empresa en épocas difíciles.

El país necesita empresarios perseverantes que no se dejen amedrentar por los tiempos difíciles, que tengan disciplina y valores y que tengan objetivos claros.

Por eso celebro esa medalla como reconocimiento a un empresario que ha tenido fe, y que es representante de todos aquellos que día a día arriesgan su trabajo y patrimonio en búsqueda de un México mejor.

** El autor es socio director de PKF México