Crónica de una crisis anunciada

En el mundo de la administración, existen los dos tipos de profetas, que ahora llamamos analistas económicos y financieros. Aquellos que buscan sacar conclusiones que no hagan enojar al jefe y aquellos que buscan la verdad, sin importar que ésta ofenda.

Hace muchos años, cuando fui estudiante universitario, tomé una clase en la universidad como materia de integración, es decir materias que eran diferentes a las que se impartían en la carrera de contaduría, pero que eran requisitos para terminar. Esta materia se llamaba “Los profetas de Israel Ayer y Hoy”, y daba una revisión de las enseñanzas de los profetas y la aplicación de estas, en el mundo actual.

Una de las premisas básicas de la materia era que los profetas no eran adivinos, sino que, con inspiración divina, analizaban la situación de la sociedad en ese momento y comunicaban (profetizaban) las consecuencias que habría de seguir el camino erróneo, en oposición al camino bueno de acuerdo con las escrituras y la inspiración divina.

También se analizaba la designación de falso profeta, como aquel que, tomando principios erróneos, pero más cómodos, hacía profecías que buscaban quedar bien con aquellas personas que detentaban el poder y, en consecuencia, hacían que el pueblo reaccionara de tal manera que favoreciera al poderoso.

En el mundo de la administración, existen los dos tipos de profetas, que ahora llamamos analistas económicos y financieros. Aquellos que buscan sacar conclusiones que no hagan enojar al jefe y aquellos que buscan la verdad, sin importar que ésta ofenda.

El nombre del artículo lo saco, no por que yo sepa que va a haber una crisis o que estamos en la misma, no me considero un analista económico competente, pero lo saco por que muchas veces el administrador de alguna entidad no quiere malas noticias, y decide en base a situaciones que están fuera de la realidad.

En términos reales, las malas noticias son las que obligan a tomar decisiones, cuando existe estabilidad, el administrador va a vigilar que su negocio esté funcionando como siempre, es decir “business as usual”, o como diríamos en México, “como siempre”; de cualquier manera, ninguna de las dos frases dice algo.

La toma de decisiones por parte de la administración significa que se encuentra ante una encrucijada que le da más de una opción para decidir qué camino tomar, por ejemplo, decidir entre apostar entre utilizar energías limpias o continuar utilizando combustibles fósiles en la logística de la empresa. Cualquiera de las dos opciones puede ser válida y tener sus pros y sus contras; sin embargo, el administrador deberá seleccionar una alternativa entre ellas, una combinación entre ellas o cualquier otra mezcla. Esta decisión dependerá de muchos factores: económicos, tecnológicos, medioambientales, o más probablemente, una combinación de todos.

Hoy en día la administración, de cualquier entidad, puede hacer caso de aquellos que le dicen que las condiciones económicas no van a afectar, y por lo tanto, tratar de reaccionar cuando haya algún cambio que la afecte; o bien puede analizar los eventos actuales, tratar de entender las posibles consecuencias de ellos, buscar las mejores opciones a cada escenario y basado en todos esos datos, tomar las decisiones que crea más correctas respecto del camino que la entidad deba seguir en el futuro.

En conclusión, las crisis solo alcanzan a las entidades cuando la administración de estas deja que esto suceda por falta de un análisis completo y objetivo de la situación y de los posibles escenarios que pueden surgir, así como todas las posibles alternativas para evitar que les afecte. Por lo tanto, deberá seleccionar con mucho cuidado a sus analistas (verdaderos profetas) y seleccionar al que le diga la verdad, por menos atractiva que esta sea.

* El autor es Socio de Vission Firm México, S.C