El aprendizaje y la evolución

Dice el refrán que nadie aprende en cabeza ajena, dando a entender que las personas no aprenden de las experiencias o de los consejos de los demás. Las abuelas lo aplicaban a los tropiezos de los jóvenes en su afán de experimentar cosas nuevas. Es el caso del padre que está advirtiendo al hijo que no lleve a cabo una acción peligrosa, y el hijo se empeña y sufre un accidente, inevitablemente, el padre le dirá al hijo, “te lo dije, pero no me hiciste caso”.

Sin embargo, eso no es totalmente cierto, de otra manera, no habría un avance real en ámbitos tecnológicos, culturales y sociales.

También se dice que la sociedad no tiene memoria histórica, y que tiende a caer en los mismos errores, eso tiene parte de verdad, cuando las personas olvidan o distorsionan los hechos históricos, ya sea por ignorancia o con una intención personal o política, y vuelven aplicar acciones que en su momento no resultaron adecuadas, lo más seguro es que obtengan los mismos resultados que fueron obtenidos originalmente.

Es muy fácil decir que quienes lo llevaron a cabo no supieron hacerlo y por eso fracasaron y que ahora son más sabios y lo harán mejor. Sin embargo, si no hay un diagnóstico claro de los eventos y aquellos factores específicos que salieron mal, no deja de ser únicamente buenos deseos.

Cualquier administrador o cuerpo de gobernanza de cualquier entidad, tiene que conservar una memoria de todos los hechos y circunstancias que fueron aplicadas en cada momento de la historia de la institución, por eso la única historia válida es aquella que registra en el momento todos los eventos significativos en los procesos evolutivos de la propia institución. Esta memoria histórica, debe contener todos los aciertos y los desaciertos, así como una clara descripción de aquellos aspectos que se consideran aciertos y aquellos que fueron fallidos y las razones objetivas de esto.

Por otro lado, los administradores y encargados del gobierno corporativo deben estar alertas de todas las acciones que llevan a cabo las demás instituciones similares, con objeto de verificar si los resultados que obtienen son los esperados, superiores o no lograron las expectativas, y en esa tesitura, tener un claro análisis de aquellos aciertos y errores, con el objeto de no incurrirlos.

Un ejemplo claro de lo anterior son las tendencias en la industria automotriz, los diferentes grupos están atentos a lo que hacen los demás, y no tienen empacho tanto en señalar los errores de la competencia como copiar los aciertos.

Existen también foros en los que los diferentes sectores comparten sus experiencias y desarrollan estrategias comunes para toda la industria, con objeto de lograr una competencia más saludable. Ejemplo de esto es el foro de Basilea en donde el sector financiero mundial se junta para analizar y recomendar las mejores prácticas en el manejo de los recursos que manejan los bancos e instituciones financieras, con el objeto de proteger a los depositantes y eliminar las malas prácticas y los riesgos exagerados que debilitarían a las instituciones.

También existen organismos nacionales e internacionales que emiten guías de mejores prácticas en los negocios y los gobiernos.

No importa si es una empresa privada con fines de lucro o cualquier institución gubernamental o no gubernamental, todas tienen la obligación de evolucionar para crear un mundo mejor más justo y con mejor distribución de la riqueza. Para lograr esto, deben ser eficientes y eficaces en todas sus acciones y proyectos. El éxito de cada una de estas estriba en como aprovechan los recursos tanto humanos, materiales e intangibles, en este último grupo está el conocimiento.