La administración paternalista

El objetivo de una buena gestión administrativa es alcanzar los objetivos de la entidad que dirige planteados en la visión, misión y valores de la entidad.

El objetivo de una buena gestión administrativa es alcanzar los objetivos de la entidad que dirige planteados en la visión, misión y valores de la entidad.

Como ya hemos visto en varios artículos anteriores, de esa visión, misión y valores, se desprenden códigos de ética, de conducta, políticas, métodos y procedimientos que permiten a los integrantes de organización realizar sus labores, de una manera alineada y coordinada para que los objetivos sean cumplidos de manera eficiente y eficaz.

Para que lo anterior sea posible, la administración tiene que contratar personal con los requisitos ideales para cada puesto, requisitos detallados en la contratación que ayuden a lograr las metas, objetivos, funciones, líneas de autoridad, responsabilidades, derechos, obligaciones y crecimiento profesional y personal.

Teniendo todo lo anterior, más la constante evaluación de la actuación y el desempeño de cada puesto de trabajo, permitirá que las persona conozcan sus errores y aciertos para cumplir las metas y objetivos de la entidad.

Todo lo anterior, pareciera que es una novela de George Orwell o la película de Tiempos modernos de Charlie Chaplin, en donde las personas son parte de una maquinaria como reloj y que todo debe de funcionar de acuerdo con un plan maestro, pero la verdad es que, dentro de toda esa ecuación los individuos tiene sus propias metas, objetivos y sueños, así como su propias ideas, sentimientos, frustraciones y problemas personales. Estas personas quieren alcanzar sus propias metas y no forzosamente están comprometidas con aquellas de la entidad.

Llegado a este punto, la administración dentro de su estilo de gestionar sus relaciones con las personas, puede caer en varias situaciones, como estar en un constante enfrentamiento contra el personal que no cumpla con los mandatos; también puede volverse complaciente con los individuos y llegar a ser manipulados por ellos; por otro lado, puede sentirse una especie de mesías y tratar de resolverle los problemas a todos, acabando abrumado de tanta responsabilidad que puede estar absorbiendo innecesariamente por querer tomar una posición paternalista.

La administración de cualquier tipo o tamaño de entidad debe encontrar un equilibrio ético, moral y práctico a la hora de ejercer el poder en la dirección. Debe ser firme en sus decisiones y buscar que el personal trabaje de acuerdo con toda la normatividad arriba mencionada, pero también debe estar atento a las desviaciones y verificar el origen de ellas para que las acciones correctivas sean las adecuadas.

Por parte de los colaboradores, la administración debe buscar que cumplan con sus responsabilidades y obligaciones, recibiendo el reconocimiento al que tengan derecho, de acuerdo con las evaluaciones, así como las sanciones a que se hagan acreedores por incumplimiento, irresponsabilidad o falta de ética.

Para lograr lo anterior, la administración se tiene que hacer llegar de un grupo de personas que lo ayuden a asegurar evaluaciones a los colaboradores, así como reconocimientos y sanciones que permitan darse cuenta de las áreas en donde pueden mejorar, así como todas las oportunidades que pueden tener dentro de la organización.

Por último, la administración también tiene que entender que no todos los colaboradores quieren trabajar toda su vida en la misma empresa, por lo mismo, es importante que se abran espacios para la movilidad del personal, así como la salida digna y agradecida de la entidad.

* El autor es Socio de Vission Firm México, S.C