El problema de la administración: auditoría externa

Dentro del mundo de la administración de las empresas, uno de los asuntos que ocupan a el administrador moderno, sea este el dueño o sea un consejo de administración de una gran empresa, es la selección de un auditor externo.

El primer planteamiento que viene a la mente, es si realmente la empresa necesita un auditor externo, sobre todo a la luz de los recientes cambios en la legislación fiscal vigente, que eliminaron la obligatoriedad de que las empresas que cumplieran con ciertos requisitos de presentar un dictamen fiscal emitido por un contador público registrado ante el SAT.

El hecho es que la auditoría externa independiente existe desde hace más de cien años y no tenía nada que ver con el cumplimiento de las obligaciones fiscales, sino en la necesidad de los dueños de los negocios, de los accionistas que no tienen el control de la empresa, de los bancos que les prestan dinero y de cualquier otra persona que tuviera algún interés válido sobre la misma.

Hoy en día todos los actores mencionados en el párrafo anterior siguen teniendo la necesidad de que un contador público experto independiente, les dé la certeza de que los estados financieros en los que van a basar sus decisiones están correctos dentro de un rango razonable de seguridad; y que todos los detalles financieros importantes para la toma de decisiones, están adecuadamente revelados.

Por otro lado, la administración misma, requiere que alguien independiente informe a la administración de cualquier asunto relevante que deba ser adecuado o corregido para evitar que los estados financieros contengan información que pueda generar una toma de decisiones equivocada.

Ahora bien, cuáles son los criterios relevantes que la administración de una empresa debe tomar en cuenta para seleccionar al auditor. Una parte importante de dichos criterios están contenidos en el código de ética del contador público, tanto el emitido por el Instituto Mexicano de Contadores Públicos, A.C. (IMCP), como publicado por el International Federation of Accountants (IFAC)

Lo primero que se deberá tomar en cuenta es el grado de independencia que tenga el auditor respecto de la propia administración. La independencia deberá ser de hecho y de apariencia, con objeto de que no sea posible ponerla en duda.

El segundo criterio es la capacidad técnica y experiencia profesional que el auditor pueda demostrar tener para cumplir el propósito que le será encomendado. En este aspecto es fundamental que la administración de la empresa se asegure que el o los candidatos a ser auditores tengan todos los conocimientos técnicos de auditoría y contabilidad, así como de las particularidades del negocio de la empresa, sobre todo cuando está en un área altamente especializada como puede ser el sector financiero, de seguros, la industria farmacéutica, y otros, que le puedan ayudar a formarse criterios informados para evaluar las operaciones que dan origen a los registros contables.

Otro criterio es la ética con la que el o los candidatos hayan actuado en su desempeño profesional en el pasado.

La confidencialidad es otro criterio a ser tomado en cuenta, ya que se pondrán a disposición del auditor toda aquella información que es clave de su éxito y que la hace diferente de su competencia.

Un comportamiento profesional en cuanto al cumplimiento leyes y reglamentos que eviten que generen una condición de pérdida de prestigio y conflicto.

Una actitud proactiva en la generación de ideas que ayuden a la empresa a corregir y mejorar sus sistemas de información financiera, que den un servicio adicional diferenciado de los demás candidatos.

Una identificación del auditor con el órgano máximo de gobierno de la empresa, que al final de cuentas serán sus usuarios de primera línea.

Todos estos no son una lista exhaustiva de los criterios que es necesario tomar en cuenta, pero pueden ayudar a tomar una mejor decisión.

El autor es socio director de PKF México