¿En verdad nos conviene un TLC con Brasil?

Brasil y México pueden generar otro tipo de relaciones. Foto: Archivo / elempresario.mx

Los tratados en México han tenido efectos positivos, sin embargo, estos beneficios se han desdibujado. Si los empresarios mexicanos no desean un tratado con Brasil, bien haríamos en escucharlos.

Durante más de 18 años, los mexicanos hemos venido escuchando opiniones encontradas sobre los beneficios o perjuicios que los tratados de libre comercio habrían traído al país. En muchas ocasiones, los argumentos de uno y otro lado han sido serios, robustos y dignos de ser tomados en cuenta.
En lo personal, considero que la política comercial basada en la suscripción de tratados de libre comercio, lanzada en los 90 por Carlos Salinas de Gortari y continuada por Ernesto Zedillo y Vicente Fox, fue no sólo importante, sino necesaria para modernizar a un México que hasta el momento de la firma del primer acuerdo con Chile no había podido encontrar un camino llano hacia los mercados internacionales.
Peor aún, tampoco habíamos podido encontrar la fórmula mágica para atraer la Inversión Extranjera Directa que México necesitaba para crecer, tras repetidas crisis sexenales y devaluaciones.
Los tratados le dieron a México la oportunidad de competir de inmediato en los mercados internacionales gracias a las ventajas arancelarias logradas. Además, propiciaron una ola de inversiones al país, gracias al atractivo que significaba manufacturar en México beneficiándose de las nuevas reglas de origen y las preferencias arancelarias.
Los tratados tuvieron un impacto directo e inmediato en la competitividad de las exportaciones. Si bien el impacto inmediato obtenido vía los precios más bajos de nuestros productos no era el más deseable, pues hubiera sido mejor poder competir por una mayor calidad, innovación o productividad, los tratados lograron el objetivo inmediato de impulsar las exportaciones, fortalecer la obtención de divisas y atraer IED en montos nunca vistos.

Todo cambia

Con el tiempo, el impulso económico de los tratados de libre comercio se ha ido desdibujando. Muchas de las ventajas arancelarias iniciales han dejado de tener valor y otros capítulos negociados, como los de compras del sector público, han dejado escasos beneficios al país .
Agotado el impulso inicial al crecimiento proporcionado por los tratados, los empresarios mexicanos ya reflexionan sobre la conveniencia o no de continuar firmando nuevos tratados. Después de todo, comentan, Brasil, India y China, lograron el éxito de éstos.
A la distancia, parecería haber faltado complementar la política comercial con una moderna política industrial, que favoreciera industrias a las que México podría haberle apostado, como lo hizo Brasil con la petrolera, aeronáutica y de energía renovable, y la India, con el software y la nanotecnología.
Nadie conoce mejor los efectos de un TLC con Brasil que los empresarios. Si ellos no desean un tratado con Brasil, la Secretaría de Economía haría bien en escucharlos, pues nada podría justificar que se provocara un grave daño a la industria nacional.
Mientras que Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y Japón no eran nuestros competidores directos, Brasil sí lo es y se ha convertido en una potencia mundial. ¿De verdad queremos “ponernos con Sansón a las patadas”?

CRÉDITO: 
Alejandro Gónzalez