Tandas, más usadas que los bancos

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En México, 12.9% de los mayores de 18 años ahorra en el banco, por debajo de 16.9% que utiliza tandas como un mecanismo de ahorro. Por mucho, el método más común es el resguardo en efectivo, elegido por 28.8%, mientras que 29.5% declaró no ahorrar. Así lo revela una encuesta sobre servicios financieros en México, realizada por la empresa Consulta Mitofsky, aplicada en viviendas en el mes de octubre de este año.

La preferencia por las tandas es particularmente notoria entre mujeres, 19.3% de ellas reporta usarlas, en contraste con 10.9% que declaró usar bancos. Los porcentajes en el caso de hombres son 14.4 y 15.2%, respectivamente. En el ahorro en efectivo, los hombres llevan clara ventaja con respecto a las mujeres, con 32.3 contra 25.6 por ciento.

Únicamente en el nivel socioeconómico alto, los bancos ocupan la primera posición como modo de ahorro (38.3%), por encima del efectivo (19.2%) y las tandas (15.1 por ciento). En los estratos medios y bajo, el efectivo encabeza las preferencias (34 y 29.3%), seguido de las tandas (17.2 y 17.6 por ciento). Notoriamente, en el nivel alto sólo 13.1% indicó no ahorrar, en contraste con 31.9 y 35.5% en niveles medio y bajo.

Uso diferencial

Pero el uso de tandas no es generalizado en todo México. Su practica es particularmente intensa en las regiones centro y sureste. Solamente en el norte, el banco es la opción privilegiada entre quienes ahorran.

Ello nos habla de una penetración reducida de servicios financieros. Por ejemplo, aunque siete de cada 10 personas mayores de 18 años usan algún tipo de servicio bancario, el más común, la tarjeta de débito, es apenas usada por 22.7%, seguida de lejos por cuenta de ahorro (14.3%) y tarjeta de crédito (11.4 por ciento).

Existe en ello un claro sesgo de género, en el que los hombres muestran mayores tasas de uso en todos los servicios con respecto a las mujeres, particularmente en tarjetas de débito y cuentas de ahorro (25.1 contra 20.5 y 17.8 contra 11.1 por ciento). Asimismo, el uso más intenso se da en el rango intermedio de edad, de 30 a 49 años, y visiblemente más reducido entre quienes superan los 50 años de edad. Pero la diferencia más radical se encuentra por nivel socioeconómico: mientras que 50.2% de los entrevistados de nivel alto usan una tarjeta de débito, el porcentaje para aquellos de nivel bajo es de apenas 2.9 por ciento.

Y tú, ¿cómo pagas?

En consecuencia, el uso de tarjetas para comprar o consumir es aún bajísimo. En el rubro más alto, para el pago de electrodomésticos, su uso a nivel nacional es de apenas 8.6%, mientras que 82.7% paga en efectivo. Por mucho, el método más popular, llegando a 94.4% en el consumo de alimentos. Como es de esperarse, el uso de tarjetas como modo de pago es más alto entre hombres que mujeres, de entre los 30 y 49 años de edad, y de nivel socioeconómico alto.

Al respecto, Marco Carrera, director de Estudios de Mercado de la Condusef, comentó que el producto de mayor penetración es la tarjeta de débito, con alrededor de 68 millones de tarjetas.

Por su parte, el producto más sensible es la tarjeta de crédito, ya que existen únicamente 22 millones de tarjetas. Con respecto a esto, comentó: “Hace poco teníamos 23 millones. Sí ha habido una cancelación importante. En términos de esto, vemos que la gente sí está midiéndose más en el uso de la tarjeta. Esto es un indicador positivo”.

Por ello, los bancos también han respondido para volver a colocar sus servicios en el mercado. Carrera, comentó: “Sí hay campañas, sí se plantea que la banca retome un fuerte nivel de colocación”.

Gerardo Aparicio Yacotu, investigador de la Carrera de Finanzas de la Universidad Panamericana, comentó que la reciente crisis financiera afectó intensamente el uso de tales servicios. Con respecto a ella, comentó que la crisis “le deja un sentimiento de preocupación o de inestabilidad sobre lo que pudiera acontecer más adelante”. Ambos especialistas concluyeron que aunque aún es bajo, existe un ascenso en el tiempo en el uso de servicios financieros.

J. Merino, E. Fierro y R. Valencia, UIEE

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CRÉDITO: 
J. Merino, E. Fierro y R. Valencia, UIEE