Ser empresario, vía de ascenso social

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El matrimonio de Carmen terminó con un golpe en su ojo y un sonoro portazo que sacó del shock a los cinco niños quienes, asustados, se hicieron uno en un rincón del único cuarto de la casa. Al cerrarse la puerta, corrieron a las faldas de la madre. Pachita estaba asustada ¿qué haría con tanto hijo? Ese carácter firme, casi rebelde, le ayudaría a salir adelante. El vehículo sería un negocio.

Comenzó con un cartón de cerveza. Con el tiempo, paciencia y una severa gastritis, alimentó a su familia y le dio una casa digna, además amplió su “tiendita”. Ninguno de sus hijos estudió más allá de la Secundaria, ni Pachita los obligó. En cambio, todos encontraron en los negocios una forma de vida sencilla, de pocos lujos. Ahora son los nietos los que miran más allá de la vitrina del local.

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Muchos mexicanos han encontrado en la actividad empresarial una vía para mejorar su nivel de vida, incluso pareciera que algunas políticas públicas están dirigidas a crear cada vez más empresarios, a pesar de que su origen socioeconómico limita su ascenso en la escala social y, sobre todo, de que no es una actividad para todos.

De acuerdo con el estudio “Opción Empresarial en América Latina ¿vía de ascenso?” elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), en México, los empresarios registran la mayor movilidad social y sus ingresos son 35% mayores a los que reciben empleados o autoempleados.

El estudio identifica al empresario como la persona que posee un negocio o que es socio en uno y emplea a persona, y es diferente a quien trabaja por cuenta propia. La investigación se basa en la Encuesta de Movilidad Social 2006 y en los resultados de 6,312 encuestas, en las que 8.3% fueron a empresarios. Se trata de un primer acercamiento, que no es concluyente, pero que da una idea de dónde están las barreras que limitan esa actividad, a fin de mejorar las políticas públicas.

Roberto Vélez, director del programa de Movilidad Social del CEEY y coautor del capítulo “La actividad empresarial como mecanismo de movilidad intergeneracional en México”, comenta que “los resultados sugieren que dicha actividad sí incrementa las opciones de movilidad ascendente… pero el hecho de venir de un estrato bajo en términos de la distribución socioeconómica genera limitaciones para que el alcance de su movilidad ascendente sea mayor”.

En México la movilidad intergeneracional es relativamente baja y considerablemente menor en los extremos de la distribución socieconómica. Según el estudio, 50% de jefes de familia, cuyos padres se encuentran en el quintil más bajo, permanecen ahí, y sólo 4% alcanzan el quintil más alto.

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La decisión de un individuo de convertirse en empresario está determinada en gran medida por la ocupación del padre: si éste ha sido empresario tendrá una incidencia mayor a que si es trabajador por cuenta propia, incluso si ha trabajado en una gran empresa en lugar de una pequeña compañía, señala el estudio.

El empresario es visto como una persona excepcional y atípica. En México, apenas 8% de la población se dedica a esta actividad. Se trata de personas que hacen grandes esfuerzos y asumen riesgos, lo que se refleja en los ingresos: 17% en general y 35% más en relación con los no-empresarios.

“En ningún país de América Latina el porcentaje de la población que se dedica a la actividad empresarial es de arriba de 9 por ciento. No cualquiera es empresario, si aceptamos eso no deberíamos pensar en cómo incrementar ese porcentaje, sino que esa proporción esté conformada por personas que lo son por razones de elegibilidad y no por necesidad.

La lección que deja este estudio, indica Vélez, es el enfoque de las políticas públicas: “pareciera que lo que buscamos es incrementar el número de empresarios… Más allá de poner el dinero para hacer florecer empresarios que no lo son, se debería eliminar las barreras de entradas a la actividad empresarial, para que surjan estos empresarios”.

Una de estas barreras es el crédito. “No es un problema dicho por nosotros, se observa en la economía. El acceso al crédito es limitado por la condición socioeconómica –del empresario-. Cuando un banco presta pide el colateral y si no existen suficientes colaterales para cubrir el riesgo, no presta. Qué condiciones no se están generando en la economía para otorgar el crédito y para que las personas con características empresariales se puedan desarrollar, ahí tenemos un problema”.

La educación es el principal vehículo para la movilidad social ascendente, pero ésta no pesa en la decisión de volverse empresarios, aunque como concluye el doctor en Historia Económica y especialista en desarrollo humano, puede ser determinante para el éxito de la empresa.

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CRÉDITO: 
Angélica Pineda/ El Empresario