Señales empresariales

Foto: Especial./ elempresario.mx

Cuando una persona está inserta en una empresa, es probable que con la dinámica del trabajo, la operación diaria, las interrelaciones en la organización o el giro del negocio, por citar algunos factores, se pierda la capacidad para sorprenderse y hasta para darse cuenta de que algo puede estar llegando a afectar nuestra participación, desempeño y gestión para con la institución, y viceversa.

Cada persona es un ser único e irrepetible, pero no falta el momento en cualquier empresa para recordarnos que no necesariamente la organización depende de nosotros, por lo que en caso de darse la suspensión de nuestros servicios, la operación de la organización continuaría, a veces con menor o mayor tropiezo, pero al final sin necesariamente requerir de un ejecutivo en particular.

Y si bien es cierto que las empresas las hacemos nosotros mismos y que cuando se negocia o relaciona uno con otra empresa, en realidad lo estamos haciendo con personas, también es cierto que la fría practicidad empresarial hace que muchas veces “los intereses de las empresas sobrepasen a las personas…”.

Atento siempre

Debe tenerse presente, entonces, entre otras muchas cosas, que el ejecutivo requiere mantenerse atento a las “señales empresariales”; sí, a esos pequeños detalles que hacen que un empleado esté donde esté no sólo conservando su trabajo, sino avanzando en su plan de carrera y proyección de vida.

De igual manera, las señales empresariales no deben ser consideradas como indicadores exclusivos de los trabajadores, sino también de las empresas mismas. Es cuestión simplemente de reinventarse a diario y evitar que el destino por sí solo maneje el rumbo de la organización.

Al final de cuentas, se trata de tener presente que un ejecutivo de cualquier nivel debe corresponder con valor real la remuneración que recibe por parte de la empresa, pero al mismo tiempo que la empresa interprete ese esfuerzo como algo tangible, digno de ser sostenido y aprovechado para el crecimiento de ambas partes. Esto implica por simple lógica que los objetivos de ambas partes deben estar “alineados”.

Integración ejecutivo-empleado

  • Un simple autoanálisis de cómo estamos sería suficiente para contar con un punto de partida adecuado. El ejecutivo actual debe preguntarse constantemente:
  • Si es capaz de interpretar adecuadamente la información que le proporcionan.
  • Si reconoce y entiende perfectamente lo que la empresa pretende de él.
  • Si los objetivos que le están siendo fijados realmente los está cumpliendo.
  • Si el trabajador es lo suficientemente hábil para el manejo de las nuevas tecnologías, móviles, por ejemplo.
  • Si tiene la capacidad para comunicarse en diversos idiomas.
  • Si cuentan con los conocimientos técnicos suficientes para gestionar su operación administrativa y cognitiva diaria.

En conclusión, para saber si realmente está creciendo y/o solventando su trabajo gracias a sus habilidades, conocimientos, destrezas, aptitudes y actitudes.

Tomarse el tiempo

De igual manera, la empresa debe aprender a tomarse su tiempo para conglomerar a sus equipos de trabajo, y dependiendo del nivel, “realinear los objetivos”, construir una visión en conjunto, analizarse con honestidad para conocer el diagnóstico real y, como bien citara Roger Kaufman, tener presente hacia “dónde se quiere llegar y qué se necesita para lograr lo que se está pretendiendo”.

Parece tan sencillo, pero a veces a los grandes dirigentes y/o ejecutivos se les escapa o les sobrepasa este análisis y orientación, que pudieran parecer sumamente simples. Lo cierto es que de hacerlo podrían llegar a grandes resultados.

La responsabilidad de la gestión administrativa es, por ende, una responsabilidad no exclusiva del propio ejecutivo, sino también de la organización, como un ente que aprende a aprender como un sistema interrelacionado.

La rapidez con la que se reaccione a las señales empresariales y a la confianza para poder crecer en equipo, dando seguridad y nuevos retos a los ejecutivos, serán factores clave para contar con una mayor capacidad de éxito empresarial.

*Dr. Carlos Miguel Barber Kuri es director institucional de la División de Negocios, de la Universidad del Valle de México (UVM).

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CRÉDITO: 
Dr. Carlos Miguel Barber Kuri*