El sector joyero debe profesionalizarse

Foto EE: Angélica Pineda

Devolver la confianza al consumidor final en la compra y venta de joyería resume la misión que se ha propuesto Fátima Castelán, cuya empresa del mismo nombre fue aceptada como miembro del Consejo de Joyería Responsable (RJC) en marzo pasado.

Más aún, la compañía mexicana de 21 empleados fue elegida para representar, ante el Comité de Estandarización del RJC, a los manufactureros de Joyería y Mayoristas que son parte de los 470 miembros con los que cuenta el organismo internacional, con sede en Londres.

“Somos la primera firma mexicana en ser aceptada” expone con orgullo la emprendedora capitalina, por cuyas venas corre la sangre de tres generaciones de joyeros y orfebres. Conocedora del mercado, detalla los problemas que, a su consideración, tiene el sector: falta de control en el uso de quintos, competencia desleal y sin sanciones por las malas prácticas. “Se trata de una industria sin regulación”, sostiene.

“La manufactura de alta calidad no se vende en gramos. Aún no ven lo alto que podríamos llegar si combináramos diseño con calidad”, lamenta la empresaria.

México, subraya, no figura en el mapa de la joyería mundial de alta calidad. “Somos el primer productor de plata y estamos dentro de los 10 en oro. La única firma mexicana que se conoce en el extranjero es Tane… hay mucha promoción de diseñadores nacionales, pero no se ha abierto camino, porque no se la ha apostado a la calidad”, considera.

Ante la pregunta de qué hacer para mejorar el producto mexicano, la empresaria afirma que se requiere apoyo del gobierno e involucrar a toda la cadena productiva. “Debemos darle forma a esta industria, ser aliados y no enfrentarnos. Que haya competencia leal a la hora de vender, no de producir. Entiendo que la gente quiera seguir en el mercado a costa de lo que sea, pero eso debería excluir la confianza del consumidor”.

Para llevar a cabo su cruzada, Castelán se reunió con representantes de la Secretaría de Economía (SE), a quienes expuso el escenario que hay en la industria y la necesidad de elaborar una norma mexicana que regule la producción joyera, así como un listado de manufactureros, principalmente.

Nuevos productos, nuevos mercados

Fátima realizó sus “pininos” en el área de ventas de Castelán Talleres, propiedad de su familia. Ahí descubrió su vocación, por lo que en 2008 decidió instalar su propia firma especializada en manufactura de alta calidad para joyería y orfebrería. Entre sus planes inmediatos está la diversificación de su portafolio de servicios, y la internacionalización de su marca.

Las líneas de negocios de Fátima Castelán son la ingeniería y manufactura de colección de diseñador y la joyería corporativa, con clientes como Televisa e Inbursa. Ésta última le reporta 80% de sus ingresos. La empresaria planea en un año lanzar su propia línea de productos, de los que ya desarrolla algunas piezas.

“La idea es enviar al extranjero la mayoría de los productos… Francia es el país que tengo en mente para abrir mercado. De ahí nos podemos mover, ya platiqué con algunas cadenas y personas interesadas en ser distribuidores”, expone.

Finalmente, la empresaria hace hincapié en la necesidad de elevar la calidad de la manufactura joyera. Su inserción en el RJC responde a ese fin. “No sólo estamos interesados en promovernos como firma, sino en mejorar la manufactura de alta calidad en la industria joyera de México. Ya me senté con la SE y le expuse las diferencias, tuve un buen recibimiento, pero apenas fue el primer paso”.

angelica.pineda@eleconomista.mx

CRÉDITO: 
Angélica Pineda/ El Empresario

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