Premio al Emprendedor, puerta a nuevos negocios

Foto EE: Natalia Gaia

El 24 de abril del 2014, un sonriente Rafael Ríos, de la empresa Dos Ríos, posaba junto al entonces secretario Educación Pública, Emilio Chuayffet, para la foto de los ganadores del Premio Nacional del Emprendedor. En la segunda fila, detrás del presidente Enrique Peña Nieto, también estaba el investigador de la UNAM, Manuel Soriano, de Gastronomía Molecular. Para ambos, junto con los otros 10 ganadores del premio, fue el momento de mayor exposición y visibilidad. Un instante que habrían de aprovechar.

El 1 de diciembre, el Inadem (Instituto Nacional del Emprendedor) abrió la convocatoria para el Premio Nacional del Emprendedor, un reconocimiento que carece de apoyo económico, pero ganadores como Carlos Orellana, de Sala Uno y Graciela Rojas, de Profesor Chiflado, aseguran que da una gran exposición ante medios. Para Rafael Ríos y Manuel Soriano ha significado además, la puerta a potenciales socios o clientes, dentro y fuera del país.

“Nosotros participamos únicamente en premios que no dependan de un recurso económico, los aprovechamos para validar nuestra tecnología, porque nos presentamos con muchos científicos que nos dicen: ‘están locos, su tecnología no sirve’ entonces sabemos que vamos por mal camino, pero si nos dan un premio es que entendieron lo que hacemos. Es la manera más barata de validar una tecnología o empresa”, señala Rafael Ríos.

Su empresa, Dos Ríos, ganó en 2014 el premio en la categoría de Sustentabilidad Ambiental, por convertir dióxido de carbono (CO2) y metano en un polímero usado en la siembra en zonas desérticas de árboles de maderas finas. Se trata de un fondo que invierte en árboles, y cuyo modelo de negocio se ha expandido en México, Australia y Emiratos Árabes (donde son finalistas de un premio de sustentabilidad), con ramificaciones a China e India, asegura el emprendedor.

“Hicimos una alianza con los ganaderos –de Campeche- para recoger el estiércol y convertirlo en electricidad, y llegar –a través de un proceso químico- a los acrílicos que necesitamos para la siembra de madera preciosa en el norte del país”, abunda.

Dos Ríos tiene 30 empleados y fue fundada en 2009. Hoy es un grupo de siete empresas, cada una con un producto diferente, pero encadenado a un proceso productivo. Al sembrar en zonas desérticas, dotan a cada especie de árbol de los nutrientes necesarios para crecer y para evitar el estrés hídrico, lo que ayuda a fertilizar a esa tierra.

“Buscamos plantar dos o tres especies, una crea sombra para evitar la erosión del suelo y la otra fijan el nitrógeno atmosférico, son las de más rápido crecimiento y van protegiendo al árbol de mayor valor”.

En busca del socio

Manuel Soriano García ostenta desde hace 25 años el máximo nivel del Sistema Nacional de Investigadores (SIN), cuenta con siete premios nacionales, y ha formado a 25 maestros y 25 doctores, sin olvidar sus 300 publicaciones. “La parte académica está cubierta” pero, reconoce, no sabe vender.

Nosotros no sabemos vender. Yo me dedico a la investigación y mi hijo a la producción, necesitamos una empresa que se encargue de la comercialización y creo que ya la tenemos”, confía.

El investigador de la UNAM ganó el Premio Nacional al Emprendedor en la categoría Microempresa. Sus socios en Gastronomía Molecular son su esposa y su hijo. Usando como base el amaranto ha creado diversos productos que combaten el estrés, la depresión, incluso eliminan el vello. Cuenta con un establecimiento cerca del Metro Ermita.

Cuestionado sobre la utilidad que le ha dado a su cosecha de reconocimientos, indica: “Notoridad, le da confianza a la gente. Ser emprendedor es un mundo diferente al académico Soy el primero que hace esto y créame que tengo muchos enemigos., le digo –a otros investigadores- que tienen que compartir ese conocimiento, pero no, quieren vivir en su esfera, que no los molesten”.

El investigador dice que tiene siete patentes, además de un Premio Ciudad Capital Heberto Castillo, tiene un reconocimiento nacional de la industria farmacéutica por trabajos previos a su etapa de empresario.

Su título de investigador ha generado confianza en los clientes, que por desconfianza prefieren los productos hechos fuera del país. Entre sus planes está llevar a Japón sus productos.

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CRÉDITO: 
Angélica Pineda / El Empresario