Investigadores descubren al empresario que llevan dentro

Foto EE: Gabriela López

Toco es una iniciativa en la que participa el investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Rufino Díaz, quien desarrolló una tecnología que mejora la medición de las córneas deformadas. Además de ser más barata que los métodos existentes, da un diagnóstico más rápido y eficiente, pero las 100 entrevistas a optometristas, sus potenciales clientes, hicieron que el hombre de laboratorio y su equipo repensaran la viabilidad comercial del proyecto.

¿Qué fue para Rufino Díaz salir del laboratorio y hablar en el cliente? “Fue un shock. Aprendí muchas cosas que pueden beneficiarme a mí como emprendedor y como investigador, y a la Universidad misma. Nosotros decimos que hacemos desarrollo tecnológico, pero la verdad es que siempre pensamos en un desarrollo muy básico, aplicado a una cosa; nunca salimos del laboratorio, nunca salimos a venderlo; ahora mi visión es muy diferente”, sostiene.

Gustavo Gutiérrez es investigador del Instituto Geología de la UNAM. Junto con Ramón Bacre creó una tecnología para la fertilización de suelos que combaten enfermedades de la tierra de cultivo y a mejorar sus nutrientes, una solución incluso para combatir el cambio climático, pero que no fue bien entendida por los agricultores, sus potenciales clientes, por lo que equipo tuvo que “pivotear”.

Salir a hablar con los clientes fue un reto para el joven investigador. Traducir en términos comprensibles de qué trataba el sistema de recuperación de suelos degradados por la agricultura intensiva no fue fácil. Esta fue la realidad que enfrentaron las 15 iniciativas que participaron el programa piloto I-Corps, que en Estados Unidos ha apoyado a 500 equipos, de los cuales 50% se convirtieron en startups, señala Rathindra DasGrupta, director del NSF I-Corps.

LA NUEVA “RAZA” DE EMPRESARIOS

México tiene un déficit de investigadores, científicos y especialistas, apenas 20,000 adscritos Sistema Nacional de Investigación (SIN) contra 125,000 reportados en Brasil y 150,000 en India, según un informe de la UNESCO del 2010. También hay un casi inexistente vínculo entre el sector productivo y el académico para impulsar la innovación; hay la percepción de que el registro de patentes es complicado y el presupuesto al desarrollo tecnológico en el país es muy bajo.

Una vía para estimular la innovación y vincular al investigador académico con el sector productivo es I-Corps, el programa creado por la Fundación Nacional para la Ciencia (NSF por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, que apoya a los hombres de ciencia que desean comercializar sus tecnologías a través de la validación comercial de éstas, lo que facilita la creación de nuevas startups.

El programa piloto se llevó a cabo en instalaciones de la Escuela Bancaria Comercial (EBC) y contó con el apoyo de la Fundación México-Estados Unidos para la Ciencia (Fumec), cuyo director, Guillermo Fernández, dijo que tienen una enorme responsabilidad para que el programa siga adelante y en apoyar a las iniciativas egresadas en este primer ejercicio.

Teresa de León, directora de Comercialización de Tecnología del Consejo Nacional para la Ciencia y la Tecnología (Conacyt) informa que este proyecto fue fondeado por esa dependencia y la Secretaría de Economía. La intención es involucrar a más universidades del país.

I-Corps tiene su antecedente en la creación del Consejo México-Estados Unidos para el emprendimiento y la Innovación (MUSEIC), acordado en 2013 por los presidentes Enrique Peña Nieto y Barack Obama, respectivamente. Su mayor reto es sacar a los investigadores del “edificio” para que entrevisten a potenciales clientes de las tecnologías que desarrollan y con ello generar una nueva clase de emprendedores y más empresas de alto impacto tecnológico.

“Trabajar tantos años en el laboratorio y de repente salir a hablar con la gente es para ellos un shock. Están acostumbrados hablar de la tecnología y la discuten, pero no salen a preguntar a la gente si les interesa. Queremos que salgan del laboratorio y entrevisten a la gente para identificar sus necesidades reales”, enfatiza Rathindra DasGrupta, ex jefe de científicos de SPX Corporation.

Mexico, comenta, debe crear los mecanismos de fondeo para que estos emprendimientos vean la luz como empresas, pero también “quiero alentarlos a que visiten Estados Unidos para ver si hay mercado para sus proyectos ahí”.

REENFOCAR INICIATIVAS

Mike Abbott, jefe de NDP en Tecnologías Adaptadas, resalta la capacidad de “pivotear” de los 15 equipos participantes, que entendieron que lo que creían era una oportunidad comercial, no fue la correcta. “Hicieron un excelente trabajo en pasar de lo que creían a otra cosa. Luego de siete semanas estamos muy orgullosos de lo que vimos y de cómo funcionó I-Corps”.

Cada equipo tuvo que realizar hasta 100 entrevistas a posibles clientes para validar comercialmente o no la tecnología propuesta. “Hablar con los clientes ayuda a ver la dimensión humana dentro del ecosistema: cómo se adapta la tecnología, qué beneficio económico tiene para ellos, cuáles son las razones por la que la comprarían. Ninguno de los equipos regresó con las mismas ideas con las que salieron, tuvieron que cambiarlas, si reenfocan su investigación todos ganan y eso es parte del proceso”, sostiene.

I-Corp hace que el investigador alinee su trabajo con lo que el mundo requiere, al hacer hablar al investigador con la gente real, lo que también ayudará a resolver la escasa vinculación entre los centros de investigación y el sector productivo.

Abbott reconoce que no todos los investigadores quieren ser hombres de negocios “porque ya vieron cuán difícil es hacerlo, pero ya vieron qué tienen que hacer para que su tecnología salga del laboratorio al mundo real y eso es darse cuenta de su rol y es ahí donde realmente cambiaron la manera en cómo hacen su trabajo”.

Toco y Biotecnología Mexicana, a la que pertenece Gustavo Gutiérrez, seguirán su camino hacia convertirse en una startup, pero ni Rufino Díaz ni Gutiérrez se ven como hombres de negocios. El primero porque prefiere dejar la directriz en manos más jóvenes, y el segundo porque lo suyo, asegura, es la academia.

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CRÉDITO: 
Angélica Pineda/ El Empresario