Reduce costos y digitaliza tu información

Rooms virtuales, un servicio que ayuda a las pymes a crecer

Una manera en que los empresarios pueden reducir sus costos operativos y administrativos es utilizar los avances tecnológicos que tienen a su alcance. Uno de ellos son los data room virtuales, los cuales tienen la capacidad de extender el mercado al que están dirigidos.

“Los data room son plataformas digitales que permiten a los empresarios intercambiar grandes volúmenes de información de manera segura, sin necesidad de realizar inversiones en nuevos equipos o licencias, permitiéndoles tener presencia a nivel global y de manera inmediata”, explicó Manuel Bentositos, director regional de Merril Corporation, empresa proveedora de soluciones de gestión documental.

Estas herramientas facilitan al personal autorizado la revisión de documentos las 24 horas del día desde el lugar en el que se encuentren, con ello reducen el costo operativo de las empresas al evitar la movilidad de sus empleados.

Bentositos aseguró que existe una percepción errónea de que los data sites son herramientas de uso exclusivo de las grandes industrias y resaltó que su utilización beneficia en mayor medida a los dueños de las pequeñas y medianas empresas (pymes) pues el costo de estos servicios depende de la cantidad de páginas que se deseen compartir.

“Gracias al uso de un data room virtual, los dueños de pequeñas y medianas empresas pueden tener un mejor control de la información, pues les permitirá llevar un registro de todo lo que hacen, facilitándoles así la revisión de documentos, además de ofrecerles la posibilidad de atraer a más clientes o inversionistas al proporcionarles una imagen de mayor profesionalismo”, aseguró el vocero de la compañía.

Actualmente, la compañía especializada en servicios financieros y jurídicos ha cargado a su sala virtual alrededor de 420 millones de páginas, con ello ha facilitado a sus clientes en la realización de procesos de auditoria jurídica sin importar el lugar en que se encuentren ubicadas las partes involucradas.

CRÉDITO: 
Fabiola Naranjo, El Economista