Puebla, en la mira de empresas Españolas

Foto: Especial

El país ibérico pretende desarrollar proyectos eólicos y de biogas en el estado

Puebla, Pue. Empresas españolas de energías renovables ven potencial en la entidad para desarrollar proyectos eólicos y de biogás, ya que algunas regiones tienen las condiciones geográficas y climatológicas ideales para llevarlos a cabo.

El presidente de la Cámara Española de Comercio de Puebla y Tlaxcala (Cecpt), Leopoldo Zaldivar Lassaletta, comenta que la crisis económica del país ibérico originó que algunas compañías busquen nuevos horizontes para detonar sus proyectos, pues han tenido una mínima recuperación.

“La situación económica de España obliga a las empresas a buscar otras latitudes, mientras se da una recuperación total, la cual hasta el momento es incierta”, expone.

Refiere que, desde hace dos años, empresarios españoles realizan visitas a la entidad para ver en qué municipios hay posibilidades de invertir, sobre todo en el tema de energía eólica y la construcción de una planta de biogás con el uso de desechos sólidos.

Uno de los casos es la firma ILER, especialista en generar energía con el viento, la cual, desde finales del 2011, ha venido realizando pruebas con tres torres piloto en el municipio de Soltepec, ubicado en la parte central del estado, con el objetivo de concretar la construcción hasta de 22 antenas, lo que significaría una inversión de 500 millones de pesos.

En la producción de kilowatts a través de desechos sólidos, hay interés de inversionistas de Bilbao por conocer el relleno sanitario conocido como Chiltepeque para analizar la posibilidad de un proyecto, no obstante, su visita apenas se realizará este mes.

Atraen condiciones locales

Destaca que las compañías españolas, en su mayoría de los ramos de autopartes, maquinaria y químico, generan alrededor de 2,000 empleos. De acuerdo con la Cámara Oficial Española de Comercio de México (Camescom), hay 15 firmas ibéricas en Puebla. Algunas de éstas son Euroquímica, Autotek Industrial, Maquimac, Tubespa y Tavemex.

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CRÉDITO: 
MIguel Hernández, El Economista