La OCDE, un aliado técnico

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El nuevo gobierno podrá apoyarse en esta Organización mundial

No cabe duda de que una de las políticas públicas de México que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha estudiado con mayor profundidad es la de apoyo a la competitividad de la micro, pequeña y mediana empresa. Lo anterior es debido a que, a finales del sexenio del Presidente Fox, la OCDE realizó la primera evaluación de dicha política y, ahora, al finalizar la administración del presidente Felipe Calderón, el organismo internacional ha llevado a cabo una segunda revisión, de la que próximamente se darán a conocer los resultados.

Esto, a propósito de la suscripción del acuerdo de colaboración que el presidente electo, Enrique Peña Nieto, acaba de realizar ayer con dicha organización presidida por José Ángel Gurría.

No cabe duda de que los estudios realizados por la OCDE en materia de pymes serán una buena fuente de consulta para el equipo de transición de EPN y les brindarán una opinión colegiada sobre los aspectos más relevantes de dicha política. Con ese soporte, el nuevo gobierno podrá evaluar más certeramente los programas implementados.

Por ejemplo, sabemos que el nuevo equipo de gobierno parecería haber decidido la creación de un instituto nacional para el apoyo a pymes y emprendedores. Es fundamental, entonces, que dicho instituto tenga un mandato mucho más amplio que el que tiene actualmente el Instituto Mexiquense del Emprendedor (IME), organismo paraestatal creado hace algunos años por Enrique Peña Nieto cuando se desempeñaba como Gobernador del Estado de México pues, aparentemente, el nuevo instituto de índole nacional sería creado a imagen y semejanza del IME.

Sobre todo, el nuevo instituto de carácter nacional debería tener la posibilidad de apoyar el desarrollo de parques industriales y tecnológicos, así como los grandes proyectos estratégicos que actualmente pueden ser apoyados por el Fondo Pyme. Si el nuevo instituto se concentra sólo en apoyar los procesos tradicionales de capacitación y consultoría a mipymes, así como los procesos de incubación y aceleración, dejará de lado algunos de los programas más apreciados por los gobiernos estatales y que son un verdadero impulso del desarrollo regional. Otro de los elementos que podrían perderse serían algunos programas de financiamiento, pues actualmente son tan amplios que pueden ir desde el extensionismo financiero, capital semilla y fondos de garantía, hasta el sofisticado programa que tiene por objeto llevar a empresas pyme de gran potencial a la Bolsa Mexicana de Valores.

Definitivamente, la creación de un nuevo instituto podría ser una buena decisión de política pública, sobre todo, porque éste sería liberado de los procesos burocráticos del presupuesto que actualmente se impone a la Subsecretaría de Pymes por pertenecer al gobierno central. Al descentralizarse, las ventajas para el instituto en cuanto a simplificación de procesos serían muy amplias y positivas para los beneficiarios. Sin embargo, el verdadero logro sería que dicho instituto pudiera ser autónomo, al más puro estilo de la Small Business Administration de Estados Unidos, que cuenta con un presupuesto independiente y reporta directamente al Presidente de ese país.

CRÉDITO: 
Alejandro Gonzaléz*