Mujeres, beneficiarias de microcréditos

Foto: Archivo/El Economista

Más de 90% de este tipo de préstamos en México es para ellas.

El primer préstamo que la señora Manuela, del municipio de Ocosingo, Chiapas, recibió de parte de una microfinanciera fue de 3,000 pesos. Ella se dedicaba a vender ropa de puerta en puerta, pero con su financiamiento pudo hacerse de más producto y rentar un pequeño local. Tras tres créditos recibidos, ahora tiene dos locales y da empleo a una persona.

Este testimonio puede leerse en el sitio de Internet de la sociedad financiera popular (sofipo) Te Creemos y es una muestra del impacto que los microcréditos pueden tener en las mujeres, principalmente en aquéllas que viven en zonas marginadas, donde los bancos no entran u otorgan crédito con muchas restricciones.

“El microcrédito tiene rostro de mujer. Más de 90% de quienes reciben microcréditos es mujer”, dice Emilio Illanes, director general del Consorcio Latinoamericano para Capacitación en Microfinanciamiento (Colcami) de la Universidad Anáhuac.

En entrevista, refiere que el origen del microcrédito que impulsó Muhammad Yunus, premio Nóbel de la Paz, fue precisamente para apoyar a las mujeres a desarrollar una actividad productiva como poner una tiendita, elaborar artesanías y venderlas, generando con ello ingresos adicionales que permitan un mayor desarrollo de las familias.

“Actividades productivas en donde la mujer, dependiendo de su situación, pueda poner una tiendita. El microcrédito lo usa para comprar víveres; luego los vende, obtiene un ingreso, los vuelve a comprar y así va creciendo”, refiere el especialista.

Cifras de la agencia Prodesarrollo, que aglutina a diversas microfinancieras, revelan que en el 2012 había una cartera de microcréditos de más de 34,000 millones de pesos. De éstos, más de 95% es para mujeres a través, principalmente, de la metodología grupal o solidaria; es decir, un conjunto de mujeres piden préstamos para cada una con la obligación de pagos periódicos, y si una de ellas no puede pagar, lo hace el resto.

Los montos van desde 800 a 1,000 pesos, para los préstamos más pequeños, hasta un rango de 10,000 a 15,000 pesos para los más grandes. Los intereses varían dependiendo de cada microfinanciera, aunque fácilmente rebasan 50% anual, y la morosidad está en promedio en 10% en el sector. Las principales entidades que ofrecen microcréditos son, en este orden, las sofomes, sofipos, bancos y sociedades cooperativas de ahorro y préstamo (socaps).

Illanes Díaz comenta que este tipo de financiamiento es más caro debido a los riesgos y costos de operación que representa. “No es lo mismo administrar un crédito de 1 millón de pesos que 1 millón de créditos de 1 peso”.

Aunque hay microfinancieras en gran parte de las zonas semiurbanas y rurales del país, el especialista precisa que se concentran donde está el mercado objetivo; es decir, en estados como Chiapas, Oaxaca, Puebla, Michoacán y Estado de México.

“Yo he vivido el impacto (de los microcréditos en las mujeres). Tú les das el recurso, lo administran bien, lo manejan bien, y al cabo de unos años, cinco o seis años, lo que era una tiendita con stands vacíos se vuelven tiendas ya con muchos productos y el inventario que manejan ahí puede ser de unos 40,000 o 50,000 pesos. Entonces son familias que ya generan un ingreso de 5,000 o 10,000 pesos mensuales, que para muchas familias ya es un ingreso importante”, concluye.

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CRÉDITO: 
Edgar Juárez, El Economista