Food Trucks optan por vender en espacios privados

Foto EE: Miguel Blancarte

Las cocinas rodantes se ven obligadas a operar en estacionamientos o parques especiales, a riesgo de ser multadas por las autoridades locales.

“Nosotros ya dejamos por la paz la cosa de los permisos, porque no se avanza; y nos dedicamos a hacer nuestro negocio bien”, declara Tony Ávila, responsable del camión de comida Cardosanto, estacionado en La Glotonería, uno de los dos food truck park que hay en la ciudad de Querétaro.

En esa ciudad, que concentra 44% de la población total que hay en Querétaro, Emiliano Miglietta, propietario de Choritruck, estima que hay poco más de 25 food trucks. Hasta julio de este año, la dirección municipal de Inspección a Comercio y Espectáculos, a cargo de Fernando Goyeneche, decomisó siete unidades, que debieron pagar una multa para ser liberadas.

En declaraciones a medios locales, el funcionario municipal ve la necesidad de regular a este tipo de comercio el cual, reconoce, tiene aceptación entre la población queretana. A pesar de ello, asegura que sólo dos camiones cuentan con permiso para operar como negocio establecido.

La Romería y La Glotonería son algunas de las alternativas que los foodtroqueros tienen para operar sus negocios. También están los fraccionamientos que carecen de restaurantes, estacionamientos privados y la vía pública, con los problemas que ello implica con vecinos y autoridades.

La Glotonería abrió hace cuatro meses y es un espacio de estilo campirano, de unos 500 metros cuadrados, que cuenta con bar; área para comer; escenario para espectáculos musicales; atracciones infantiles y la propuesta gastronómica de ocho camiones: Choritruck, Cardosanto, Puerto Milagros, Alda Café, Tacuache, Chef on Fuego, El Franchute y Hooters Barbecue.

Los food trucks “son una tendencia gastronómica que, como todo movimiento, inicia en las grandes ciudades. Si el Distrito Federal –donde los diputados locales tienen dos iniciativas para discutir- logra dar un buen paso hacia la regulación, eso se va a ramificar hacia todo México. Aquí, en Querétaro, las autoridades no saben qué hacer, no entienden el tema”, expone Miglietta.

Agrega que han buscado cobijo bajo la bandera de cámaras empresariales como la Canirac o Canaco, pero “no nos apoyan porque no nos consideran restaurantes; estamos en el ‘limbo’ porque tampoco somos ambulantes. Es la controversia que tienen los food trucks: si somos restaurantes o ambulantes y nadie se quiere hacer cargo de eso”.

Sueños sobre ruedas

De origen argentino, Emiliano Miglietta inició con su camión hace apenas siete meses. Su sueño de tener un restaurante de comida argentina se diluyó a una cocina rodante, la primera –asegura- que ofrece ese tipo de comida autóctona. Ya no sueña con un espacio físico, dice que ahora su meta, una vez que se afiance Choritruck, será tener otro food truck.

Otro que ha materializado sus deseos en José Luis Castillo, propietario de Chef on Fuego. El chihuahuense se declara un amante de la aventura que se cansó de trabajar en restaurantes, se compró un camión, de unos 20 años de antigüedad, y armó su cocina. Lleva dos meses en Querétaro, ofreciendo sus hot dogs, entre otras variedades de su menú.

Para Cardosanto, el camión de comida es un experimento que les permite llevar su propuesta de valor – la experiencia de la parrillada entre amigos- a diferentes lugares. La firma cuenta con dos restaurantes fijos, con lo que solucionan problemas como el almacenaje de insumos.

Entre las diferencias de operar un food truck a un restaurante que Tony Ávila observa está el trato con el cliente: “En un restaurante es más directo, puedes consentir a la gente un poco más, aquí no tanto. Lo más ‘chido’ es la competencia, sonará a cliché, pero tienes que mejorar para estar al nivel de los otros establecimientos”.

Como cualquier negocio, el food truck es rentable “siempre y cuando lo trabajes” remata Emiliano Miglietta, quien construyó su propio camión. “Se puede montar con 200,000 pesos, pero la pregunta es cuánta rentabilidad puedes tener con un producto que vendes a 80 o 90 pesos, que no tienes un flujo constante, el comensal no va siempre, y no tienes una localidad fija. Es rentable siempre que tus gastos y costos estén controlados”, concluye.

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CRÉDITO: 
Angélica Pineda / El Empresario