Evita sorpresas en tu presupuesto

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El presupuesto es un documento dinámico que las empresas, por lo general grandes y medianas, elaboran en el último trimestre del año, para estimar sus ingresos y gastos de los siguientes meses. Sin embargo, la volatilidad cambiaria y el precio del crudo obligan a realizar una primera revisión y actualización de las estimaciones.

“Para elaborar un presupuesto tengo que considerar los cambios en el entorno: PIB (Producto Interno Bruto), tasa de empleo y desempleo, inflación, tipo de cambio. Si no tomo en cuenta esto, es probable que no tenga bien elaborado mi presupuesto”, indica María Elena Álvarez Hernández, profesora de Contaduría y Consultora de IDEA, en la Universidad Anáhuac.

En el último trimestre del 2015, el dólar se fortaleció 2.2% y en lo que va de enero 6.6 por ciento. Esto ha impactado la importación de insumos y costos de producción. La escalada del billete verde, que los analistas creen se mantendrá hasta marzo, ha afectado a los sectores farmacéutico, equipo eléctrico y cómputo, siderúrgica, metal mecánica y textil, reconoció la Concamin (Confederación de las Cámaras Industriales). El sector agrícola ya registra alza de precios.

“Hay empresas que ya están comenzando a hacer sus cotejos, algunas ya hicieron comentarios de que el año no pinta muy bien; enero no es un buen mes para las ventas, pero al comparar este mes con el de otros años, las cifras arrojan que no va a ser un año agradable”, comenta Oliver Ambía López, profesor de Finanzas de la Escuela de Negocios del Tec de Monterrey.

¿Y si no lo he hecho?

El presupuesto es una herramienta que ayuda a las empresas a alcanzar sus objetivos, explica María Elena Álvarez. Además, permite dar seguimiento a los ingresos, controlar gastos, identificar señales de advertencia que, de subestimarlas, podrían vaciar las arcas de la empresa.

A pesar de ello, no es práctica común en las pequeñas empresas y micronegocios. “Cerca de 70% de las mipymes no tienen bases de planeación”, señala Álvaro Vargas Briones, consultor y profesor de posgrado de Finanzas en la Escuela Bancaria Comercial (EBC).


Si aún no cuenta con el presupuesto, más vale hacerlo porque “no se puede mejorar lo que no se puede medir. Si no se tiene siquiera el hábito de hacerlo estamos en el limbo, porque no hay punto de comparación. Hay que hacerlo, definitivamente”, subraya Ambía López.

Además del control de la empresa, este documento puede ser la puerta de acceso al financiamiento bancario o a los fondos que otorga el gobierno federal. Incluso, permitirá conocer el valor presente de la compañía, a través de los ingresos que se estima va a generar en los siguientes años, resaltan los expertos.

“El presupuesto permite encontrar áreas de oportunidad en ingresos, por ejemplo cómo diversificar ingresos sin depender tanto de un producto o servicio, región, zona o cliente. Permite hacer eficiente los gastos de operación, en escenarios de volatilidad. En compañías medianas sí representa una alternativa para buscar proveedores locales, a condiciones más baratas, además de dar retroalimentación al desempeño de nuestros colaboradores”, agrega Oliver Ambía.

¿Por dónde empezar?

Los expertos recomiendan partir de datos históricos. Lo deseable es que sean dos años atrás. Si el negocio está arrancando, hay que revisar el estudio de mercado sobre la demanda estimada del producto o servicio. El objetivo es pronosticar los ingresos, los gastos y el flujo de efectivo a lo largo de un determinado periodo, para tener una visión clara de cómo se va a compartir el negocio en ese lapso.

Vargas Briones disecciona el presupuesto en cinco pasos: estimación de ingresos, contabilizar gastos operativos; inversiones; financiamiento y flujo neto. El primero abarca ventas y todo aquel ingreso destinado a la operación de la empresa, incluyendo el precio de los productos o servicios, que debe considerar la inflación.

“Esto es importante porque las empresas no determinan sus precios, sino que lo toman de la competencia y lo repiten: si mi competencia vende una lámpara en 30 pesos, yo la vendo en 31 o en 29 pesos, sin considerar mis datos, y eso genera problemas porque no estoy costeando”, explica.

Los gastos operativos abarcan el costo para realizar una venta, fabricación y administración. El tercer paso es considerar las inversiones en maquinaria, equipo, muebles, que se deben calcular tomando en cuenta la inflación estimada por las autoridades.

El siguiente punto es el financiamiento, que debe apuntarse junto con el pago de intereses y la tasa, si es en moneda extranjera o nacional. “Si ya tengo mis ingresos, y a estos les quito gastos, inversiones y financiamiento, el resultado es el flujo de efectivo (cash flow), que son los ingresos reales que percibiré en la operación. La planeación permite conocer si habrá sobrante o falta de efectivo, para ver cómo se puede cubrir.

Si al final del año, los pronósticos no son atinados, no se desespere, eso pasa por dos cosas: “o tu producto tiene una aleatoriedad imposible de calcular, que es poco probable, o bien tus suposiciones de ventas son muy alegres o muy conservadoras, por eso hay que ver las variables”.

¿A quién corresponde hacerlo? En las grandes empresas, es una responsabilidad del director general o el director financiero y es responsabilidad de ellos darle seguimiento. En micronegocios, el dueño deberá hacerlo asesorado por su contador.

“Es importante que el empresario, al momento que contrata a un contador, no lo haga para que sólo le lleve los libros de la contabilidad, sino que contrate a un profesional con visión financiera”, apunta Vargas Briones.

El académico del Tecnológico de Monterrey insiste: “El presupuesto ese un ente vivo, si lo hacen para colocarlo en una carpeta ganando polvo durante el año, no sirve. Hay que revisarlo constantemente, alimentarlo, nutrirlo y de ahí saldrá información útil para la empresa”.

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CRÉDITO: 
Angélica Pineda / El Empresario