¿Son los hoteles un buen negocio?

Foto: Cortesía

La idea de dignificar la sexualidad y la necesidad de contar con espacios para disfrutar en pareja, han desencadenado un auge en la industria de los moteles en la ciudad de México. La Asociación Nacional de Hoteles (ANH) ha sido aval de este crecimiento al pasar de 216 moteles registrados en 2013 a 350 el año pasado.

Jaime Solis, asesor de Presidencia de la ANH menciona que en la ciudad de México hay 700 moteles aproximadamente, establecimientos que se han mostrado complicaciones por la gran demanda de los usuarios: “cada vez encontramos más lugares donde la gente espera formada los fines de semana, días en que la ocupación se eleva entre 60 y 70%”, menciona; y “qué decir de fechas como el 14 de febrero, donde la actividad llega a duplicarse”.

El alto número de clientes dificulta la atención especializada, Jaime Solis calcula que por cada 10 habitaciones hay un trabajador, por lo que la ANH recomienda tener un grupo de empleados capacitados que van desde la recepcionista, camareras, cocineros, meseros, gente de mantenimiento y seguridad y, en caso de ser requerido, valet parking.

¿Qué ofrece el mercado?

En la ciudad existen moteles que ofertan dormitorios que no pasan de tener una cama, una televisión y un baño completo, empero, los requerimientos de los usuarios demandan la especialización de la industria.

Cada vez menos personas optan por subirse al auto e ir en busca de un lugar para pasar la noche. “El nivel de exigencia se elevó, la visita con la pareja ya no es de una o dos horas, ahora se buscan periodos más largos y más recreativos”, agrega Aidee Iribe, cofundadora de HotelesKinky.com, página de Internet que ofrece a los usuarios una selección de 100 moteles, algunos de los cuales cuentan con lista de espera de hasta un mes.

Los empresarios han tenido que esforzarse en remodelaciones, en ofrecer mejores servicios, en aumentar la calidad de las experiencias y en invertir en el cambio de categoría: “los llamados hotel garage están desapareciendo para dar lugar a los LoveHotels u hoteles del amor”, explica.

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El cliente está dispuesto a pagar más siempre y cuando el servicio cubra sus necesidades; aunque hay habitaciones que cuestan 250 pesos por cinco o seis horas, los hoteles del amor ofrecen atracciones como muebles sexuales, también llamados fajódromos, que ofrecen una experiencia diferente, por montos que oscilan entre los 450 y 3,000 pesos, dependiendo de la cantidad y el tipo de artículos en la habitación.

Aurelio Vázquez Durán, director creativo de DIN Interiorismo, quien ha remodelado alrededor de 40 LoveHotels, asegura que hay una incongruencia en el mercado: “la acción que hace el usuario dista mucho del espacio que se le ofrece para realizarla; la gente necesita espacios alegres, divertidos, inspiraciones, auténticos y que ayuden a la fantasía”.

Las personas siempre asocia el motel con lugares feos, malolientes, pecaminosos -agrega el diseñador de interiores- he aquí la relevancia de crear un concepto que diferencie de los demás: “tratamos de crear moteles que tengan una identidad propia, que cuenten una historia y que sean congruentes tanto en la fachada, como en su interior”.

Aurelio Vázquez y Aidee Iriberg coinciden en que a estos negocios se les tiene que quitar el estigma de que sólo lo usan los infieles o las prostitutas, pues no es más que un lugar para explorar la sexualidad. Ambos invitan a los empresarios a aventarse a probar nuevos conceptos.

Plan de negocio

El sector de los moteles es considerado un nicho cerrado. De acuerdo con cifras de la ANH, 95% del mercado está controlado por españoles, en su mayoría gallegos. Diana Álvarez, investigadora del tecnológico de Monterrey, expone en un artículo que el movimiento migratorio desencadenado por la Guerra Civil Española, trajo a la ciudad de México un grupo de gallegos que destinaron su capital a la creación de tiendas de abarrotes, billares, cantinas, mueblerías y moteles, establecimientos que continúan siendo administrados por descendientes europeos.

Los inversionistas aventureros descubren que los moteles ofrecen retornos de inversión en los primeros cinco o siete años. El monto inicial varía dependiendo del número de habitaciones con las que contará el inmueble (en promedio tienen 50 cuartos); Jaime Solis, asesor de la ANH, detalla que un dormitorio básico bien equipado (con cama, baño, televisión y servicios de agua y luz) requiere una inversión de entre 250,000 y 300,000 pesos, cifra que aumenta hasta en 40,000 pesos si se agregan atracciones como jacuzzi o fajódromos.

Por su parte, Aurelio Vázquez, asegura que el diseño se ha convertido en un transformador de negocios, por lo que recomienda apostar por la parte recreativa que: “cuando todos los moteles eran iguales y ofrecían el mismo producto se generaba una guerra perversa de precios; ahora, un hotel con diseño se puede dar el lujo de cobrar por la diferencia en el servicio sin temor a ser atacado”.

La cofundadora de HotelesKinky.com advierte, por último, que hay tres garantías esenciales que el motel siempre se debe ofrecer: higiene, servicio y seguridad.

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zyanya.lopez@eleconomista.mx

CRÉDITO: 
Zyanya López / El Empresario

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