¿Créditos para las empresas culturales?

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La reforma financiera ¿debe poner de plácemes a estos emprendedores?

En el alegato en favor de reconocer la economía cultural , caracterizar el sector cultural y con ello, definir para darle su lugar a las empresas culturales, la propuesta de la reforma financiera viene a darle otro empujón.

Espero que no sea para enredarnos y, peor aún, para que quienes tienen en sus manos los ajustes de orden legal que deben hacerse, no caigan en la inercia de “sobre los hechos resolvemos”, dejando de lado la responsabilidad de legislar, por lo que refiere al Congreso, y de aplicar políticas y programas, en el caso del Poder Ejecutivo.

En el nodo, la reforma financiera debe generar buenas expectativas para los emprendedores y empresarios culturales. Finalmente son negocios y como tales algunos han recurrido a ellos.

Si sale la reforma, podrán beneficiarse de un mayor acceso al crédito, sobre todo, si lo hacen a través de la modalidad de garantías que ofrecerá la banca de desarrollo del gobierno.

Recordemos que dichas entidades son: Nacional Financiera, el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos, el Banco Nacional del Comercio Exterior, la Sociedad Hipotecaria Federal, el Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros y el Banco Nacional del Ejército, Fuerza Aérea y Armada.
De este conjunto, tres podrán jugar mayor protagonismo en cultura: Nafin, con Jacques Rogozinski, Bancomext, con Enrique de la Madrid (institución a la que no deben tardar en devolver lo que ProMéxico le quitó), y Banobras, con Alfredo del Mazo.

Los programas crediticios destinados a las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) también podrán obtenerse a través de la banca privada y supone que serán benéficos en tanto las garantías operen en la tasa de interés.

Lo que por ahora resulta difícil saber es el tamaño de la demanda del sector cultural. No cabe duda que, en conjunto, los bancos tendrán que hacer una intensa labor de publicidad para encontrar la clientela en alianza con el Conaculta.

Será un importante material conocer y medir la capacidad de endeudamiento de quienes se mueven en el mercado cultural. Y más aún, los resultados a los que lleguen dichos negocios tras pagar su crédito a un plazo que puede prolongarse hasta los cinco años.

La aprobación de la reforma financiera implica que los bancos públicos como los privados reorientarán ciertas políticas para determinar el destino de los recursos.

En esa perspectiva, la articulación con el Fondo Pyme no es fácilmente identificable. No creo que ello se deba a la naturaleza del Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem). El decreto que le sustenta y las reglas de operación del fondo, aunque incontrovertibles por este ejercicio fiscal, distan de ser suficientemente discutidas (en realidad, tampoco se preocuparon mucho por alentar la interacción con la población objetivo).

Veo focos rojos en: la estructura vertical y honda discrecionalidad que tiene su piedra angular en las asignaciones directas; en la estrechez de la otra modalidad de entrega de dineros que son las convocatorias; en la elección de los sectores estratégicos; en la ausencia de acciones dirigidas al sector cultural y en los renglones torcidos que invitan a la cacería de fondeos.

Entre las implicaciones que tiene la reforma financiera se encuentra también, por ejemplo, el Instituto Nacional de la Economía Social, herencia calderonista que absorbió al Fondo Nacional de Apoyos para Empresas en Solidaridad.

Y tenemos muchos más fondos tanto públicos en los diversos niveles de gobierno, como privados mediante suerte de clubes, cuya diversidad y disparidad no deberían pasar inadvertidos a la hora de aprobar lo que el presidente Enrique Peña Nieto propone. Recordemos que toda intervención de recursos públicos en la economía, en el aparato productivo, no necesariamente es per se benéfica, y si alguien sabe de eso es Jacques Rogozinski.

Por lo antes expuesto, otro elemento a considerar es el que atañe a liberar los fideicomisos de la banca de desarrollo. Se plantea que esto favorecerá su capitalización y la posibilidad de que se fondeen en el mercado de valores como un banco comercial. No son pocos en cultura: unos los tiene el Banco de México: los hay públicos, privados y mixtos.

Está mucho por verse de la reforma financiera para quienes viven de la cultura.

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CRÉDITO: 
Eduardo Cruz*