La ciencia mexicana busca ser rentable

Foto: El Economista

La razón por la que muchos científicos se van del país es bastante clara; los empleos son muy escasos: Nature

“Es la onceava economía más grande del mundo y tiene la universidad más grande del hemisferio occidental. Y sin embargo, México ha tenido una influencia sorprendentemente pequeña en la producción científica y la innovación globales”.

Así comienza el texto que los periodistas Erik Vance y Laura Vargas-Parada (colaboradora frecuente de El Economista) publican en la prestigiosa revista científica Nature.

Vance, periodista de ciencia estadounidense avecindado en México, publicó en el número de octubre pasado en la revista Scientific American el artículo “Why Can’t Mexico Make Science Pay Off”, “Por qué México no puede hacer su ciencia rentable”, y el que publica ahora junto con Vargas-Parada se llama “Mexico Bolsters Science Funding”, que podría traducirse como “México promueve la inversión en ciencia”, pero que, por coherencia con el anterior, quizá deberíamos traducir como “México se dispone a hacer su ciencia rentable”.

“Cuando Enrique Peña Nieto tomó posesión como presidente, en diciembre pasado, prometió engrasar las oxidadas ruedas de la infraestructura mexicana en ciencia y tecnología. Y, al cabo de un año, comienza a cumplir”, indican los periodistas en Nature.

La enumeración de los factores que contribuyen a dicho cumplimiento comienza por los recursos para ciencia y tecnología que fueron aprobados el jueves pasado en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) para el 2014, que ascienden a cerca de 82,000 millones de pesos, que significan un aumento de 12% con respecto al año anterior y que representan poco más de 0.5% del Producto Interno Bruto del país (cuando llevaban varios años a nivel de 0.4%).

Otros tres factores se están trabajando desde el Legislativo: cambios a la ley de propiedad intelectual, que permitan a investigadores y universidades participar en la comercialización de su trabajo financiado con fondos públicos, reformas al sistema de retiro y pensiones de los académicos y que motiven a los investigadores jóvenes a permanecer en México e incentivos fiscales para promover la inversión privada en ciencia y desarrollo.

Patentes y piratas

Nature comenta sobre el trabajo que en la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados, que preside Rubén Félix Hays, se está haciendo para agilizar el caro, complejo y restrictivo proceso de patentes en México, con base en el Acta Bayh-Dole, que se instauró en 1980 en Estados Unidos.

Pero añade el comentario de Tony Payan, especialista en México de la Rice University en Houston, sobre la necesidad de implementar en paralelo reformas en el sistema judicial, que en México no suele proteger la propiedad intelectual.

Carreras de relevos

“Otro problema es la masiva fuga de cerebros que tiene México. La razón por la que muchos científicos se van del país es bastante clara: los empleos son muy escasos”, dice Nature.

Por otra parte, una vez que consiguen trabajo, “los científicos tienden a quedarse lo más posible en él, porque dejarlo o retirarse significa renunciar a la mayor parte de su salario”, dice en referencia a que esa mayor parte la obtienen del Sistema Nacional de Investigadores.

Francisco Bolívar Zapata (encargado de Ciencia, Tecnología e Innovación en la Oficina de la Presidencia, cargo creado por Peña Nieto al inicio de su gobierno) dice: "No nos retiramos. No dejamos puestos libres para jóvenes científicos".

Para terminar con esa situación, en el Congreso se planea mejorar las pensiones.

Además, en el PEF hubo una asignación de 550 millones de pesos para la creación de plazas, a fin de aumentar el número de investigadores y académicos.

Enrique Cabrero, director general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), comentó en entrevista para la Academia Mexicana de Ciencias (AMC): “Creo que debemos estar contentos todos por las cátedras de jóvenes investigadores, pues, en principio, 500 plazas se van a ofrecer ya en los primeros meses del año, para captar a jóvenes investigadores en diversas áreas”.

Estos investigadores, a los que le pagará Conacyt independientemente de en qué universidad o laboratorio trabajen, harán investigación en campos como el cambio climático, mitigación de desastres, diabetes y genética de plantas. Bolívar aseguró que el plan es que haya 500 más cada año.

Dinero privado

Pero los fondos públicos no serán suficientes y muy pocas empresas, como indica una encuesta realizada por el INEGI y Conacyt, comentada hace unos días en estas páginas, invierten en investigación y desarrollo.

Gabriela Dutrénit, coordinadora del Foro Consultivo, Científico y Tecnológico, dijo a Nature que: “No sólo estamos pidiendo que aumenten las inversiones privadas y públicas. También tenemos que responder por esas inversiones”.

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CRÉDITO: 
Manuel Lino, El Economista