Aerolíneas brindan servicio para mascotas

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Las vacaciones son más entretenidas si van y se divierten todos los integrantes de la familia, así que a alistar tu reservación, bronceador, traje de baño y a tu mascota.

Las aerolíneas tienen el servicio para que sus pasajeros puedan viajar con su mascota, ya sea como equipaje documentado o en la cabina de pasajeros, y así pueda acompañarlos hasta su destino.

Cada compañía tiene sus propias políticas. Como requisito universal, tu mascota debe de estar aseada y en una transportadora de viaje.

Aquí, algunos ejemplos. Aeroméxico permite que tu perro viaje en la cabina de pasajeros, en vuelos no mayores a seis horas de duración, dentro de México y desde o hacia Estados Unidos, Canadá, Centroamérica y Sudamérica.

El perro deberá contar con certificado de vacunación contra la rabia, expedido no mayor a 30 días previo a la fecha del vuelo.

Además, se requiere certificado veterinario; en el caso de vuelos internacionales, se requiere que sea expedido por la Secretaría de Agricultura Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación.

El costo de este servicio ronda 986 pesos en vuelos nacionales hasta 125 dólares (1,600 pesos) cuando el viaje es internacional. Sólo se acepta una mascota por pasajero.

Volaris permite el transporte de mascotas con equipaje documentado (sólo perros y gatos). Si es documentada, hasta 45 kg (mascota más jaula), tiene un costo de 899 pesos; si el vuelo es internacional, 89 dólares, pero si es a bordo en vuelos nacionales, 999 pesos, e internacionales, 99 dólares.

No obstante, y porque las compañías tienen que evolucionar de acuerdo con las necesidades de sus clientes, hay hoteles para turistas que reciben mascotas.

Por ejemplo, en Morelos se encuentra la Morada del Xolo. El precio por mascota va de 100 pesos hasta 200 pesos por noche y duerme en tu habitación. En tanto, Cancún, Riviera Maya, Los Cabos, Morelia, Veracruz o la ciudad de México son opciones de viaje con oferta de hoteles donde los perros son bienvenidos con menús especiales, sorpresas y mimos.

karla.gomez@eleconomista.mx

CRÉDITO: 
Paulina Gómez, El Economista