El capital de trabajo y el equilibrio financiero

Como ya hemos hablado en diferentes ocasiones, una de las principales preocupaciones del administrador de cualquier empresa industrial comercial o de servicios, es contar con el capital de trabajo suficiente para poder enfrentar los costos de operación. Lo que aquí se menciona no sería aplicable a empresas financieras, ya que, en esos casos, su mercancía es el propio dinero.

El capital de trabajo está definido como la diferencia entre los activos circulantes y los pasivos a corto plazo, es decir, los recursos que las empresas tienen disponibles para operar sin contar las deudas que tienen que pagar en corto plazo.

Los activos normalmente están constituidos por las disponibilidades de efectivo más las cuentas por cobrar a corto plazo, los inventarios de materia prima y mercancías terminadas que pueda realizar en corto plazo. Es importante que se descuenten de estos importes todas aquellas cuentas de dudosa recuperación y los inventarios de lento movimiento u obsoletos.

Por el lado de los pasivos, el capital de trabajo debe disminuirse con las cuentas por pagar a proveedores, préstamos a corto plazo, gastos fijos (como rentas, luz, telecomunicaciones, honorarios, sueldos y otras prestaciones) e impuestos.

No incluyo los préstamos y documentos por paga a largo plazo, ya que normalmente estos deberán ser aplicados en proyectos productivos y no en capital de trabajo.

El diferencial debería ser suficiente para cubrir todos los costos de operación inmediatos, normalmente un mes de operación o lo que dure un ciclo productivo entre el momento en que el dinero es invertido en la producción y la cobranza producto de la venta, con el fin de asegurar que la empresa no tendrá problemas de suspensión de actividades por falta de recursos y con los compromisos de entrega a sus clientes.

Pero en esta ecuación faltan variables, y estas son referidas a los ingresos y costos financieros, el producto y el costo que se genera e incurre por el dinero mismo.

Las disponibilidades de efectivo es todo el dinero que tiene la empresa en caja y bancos, inversiones y cualquier otro valor de inmediata disposición que se tienen para enfrentar sus costos y gastos de operación. Estas disponibilidades deberán generar algún tipo de rendimiento a la empresa o de otra manera sería dinero ocioso que podría ser utilizado para algún elemento productivo.

Por otro lado, los préstamos y documentos por pagar generan un costo financiero a la empresa, que puede crecer si los pagos del capital e intereses no son cubiertos con oportunidad. Los saldos con proveedores y algunos servicios podrían también generar costos financieros si no son cubiertos con oportunidad.

La administración de la empresa deberá equilibrar su situación financiera para tener un capital de trabajo suficiente que cubra sus necesidades y que no genere faltantes ni excedentes que pudieran ser utilizados para otros fines productivos. En casos como estos, los accionistas o dueños preferirían tener ellos ese dinero para invertirlo en otras alternativas productivas.

También se deberá buscar que los costos financieros netos (el neto de intereses ganados y pagados, utilidades y pérdidas en cambios y otros costos financieros) estén en el mínimo posible, para que el impacto en los resultados de las empresas sea el menor posible.